Fueron dos piezas que encastraron en el momento preciso. Ana Avellaneda vivía en Núñez y Érica, que tenía 15 años, esperaba que la adoptaran en un hogar en Salta. Gracias a una convocatoria pública pudieron encontrarse.

Ana Avellaneda junto a su hija Érica en unas vacaciones de invierno. (Foto: Ana Avellaneda)
Ana Avellaneda junto a su hija Érica en unas vacaciones de invierno. (Foto: Ana Avellaneda)

Andaban sin buscarse, pero sabiendo que se iban a encontrar. Ana Avellaneda, una abogada catamarqueña que vive en Núñez, quería adoptar a una hija adolescente. En junio de 2016, mientras navegaba por Internet desde su casa, encontró una convocatoria pública del Poder Judicial de la Nación. En la publicación aparecían tres chicas que estaban en un hogar en Salta. Pero hubo una que le llamó la atención: Érica , de 15 años. Cuando leyó su perfil, sintió que era una señal. La joven había pedido como requisito una familia monoparental, porque quería una mamá soltera. Ana cumplía con esa condición y no lo dudó. Dos años después obtuvo la adopción plena.

En una entrevista a TN.com.ar, Ana recuerda con mucha emoción todo el proceso. Su camino para formar una familia empezó en 2011, cuando se inscribió en un juzgado de su provincia natal. Aunque ya vivía en Capital Federal, ella buscaba una nena del interior.

Sin embargo, por cuestiones personales decidió frenar la búsqueda y asentarse bien en su casa. En ese entonces, vivía con su hermana y quería un espacio con mayor comodidad.

Recién en junio de 2016, a sus 43 años, le llegó una convocatoria pública donde figuraban tres adolescentes. En ese instante, sintió una señal muy fuerte cuando leyó el perfil de Érica . “La elegí porque era la más grande y era la que tenía menos posibilidades de ser adoptada. Además, porque ella pedía una mamá sola y era justo mi condición“, asegura.

Ana Avellaneda adoptó a Érica tras encontrarla en una convocatoria pública del Poder Judicial. (Foto: Ana Avellaneda)
Ana Avellaneda adoptó a Érica tras encontrarla en una convocatoria pública del Poder Judicial. (Foto: Ana Avellaneda)

La vorágine estaba por comenzar. Sin pensarlo dos veces, envió un email al Poder Judicial y dos semanas después se contactaron con ella. Como Érica vivía en la ciudad de Salta, tenía que viajar hasta allá. Armó una valija y fue a la primera entrevista en la Secretaría Tutelar local.

En diciembre de ese mismo año, volvió por una segunda reunión: esta vez iba a conocer a su hija. Ese encuentro fue en el hogar, acompañadas tanto por el personal de la institución como por representantes de la Justicia. Para Ana fue fundamental el respaldo de los profesionales especializados que siguieron su caso desde el inicio.

“Ya habíamos hablado por teléfono y nos habíamos mandado fotos. Cuando yo llegué al lugar, ya sabía quién era”, detalla Ana sobre esa primera vez que se vieron. “Fue algo muy fuerte, muy emotivo. También había nervios, ansiedad. Es como cuando te dan un bebé en brazos, una explosión que te viene desde adentro“, expresa la abogada.

Ana Avellaneda viajó hasta Salta para conocer a su hija. (Foto: Ana Avellaneda)
Ana Avellaneda viajó hasta Salta para conocer a su hija. (Foto: Ana Avellaneda)

Esa entrevista fue el primer capítulo en la historia de las dos. Casi de manera inmediata, pasaron al siguiente nivel: la vinculación. Ana se instaló en Salta por una semana y después, juntas, viajaron hasta Tartagal -donde estaba asentado el expediente de Érica- para obtener la guarda provisoria. A los pocos días, ya estaban viviendo en Núñez.

A pesar de los prejuicios que giran alrededor de la adopción de adolescentes, Ana aclara que ella solo sentía un miedo normal. “Yo no creía que iba a ser más complicado por su edad. Tenía el temor típico de convertirme en madre”, sostiene.

Érica hoy tiene 19 años y vive con Ana en su casa de Núñez. (Foto: Ana Avellaneda)
Érica hoy tiene 19 años y vive con Ana en su casa de Núñez. (Foto: Ana Avellaneda)

Sus amigos y familiares sí lo tenían. Antes de que comenzara con el proceso, le habían expresado sus inquietudes con el tema. “Me decían que al ser adolescente podía venir con un montón de cosas, con una historia pesada. Yo los miraba y me dolía. Nunca me asustó esto”, recalca.

El tiempo le dio la razón. En diciembre del año pasado, salió la sentencia de adopción y oficialmente su trámite estaba terminado. En muy poco tiempo, Érica no solo se convirtió en su hija sino en su cómplice.

“Se dio todo de manera muy natural. Tuve mucha suerte porque ella siempre fue muy abierta conmigo. Ella tenía muchas ganas de pertenecer a una familia y yo de tener una hija. El deseo fue de ambas partes. Fue una decisión de las dos“, subraya. Finalmente, se encontraron.

Fuente: tn.com.ar