A veces

  María Noel Vernizzi

Desde chiquita siempre me gustaron las curvas. Las líneas rectas me resultaban aburridas. Hace casi dos meses me crucé con la curva más grande, compleja y desafiante de mi vida. Yo la anhelaba, esperaba cruzarme con ella pero esta me sorprendió.

A veces el barro es intenso y pegajoso. Y lucho con todas mis fuerzas por salir de él, otras veces me siento tentada en abandonarme al pantano.
Otras veces siento que toco el cielo con las manos y hasta puedo acariciar las estrellas.

“Ma ¿cómo saco el dolor de adentro?”. “Ma ¿qué es la rabia? “Ma, ahora empiezo una nueva vida”. “Ma ¿por qué mis otros padres no me quisieron?”. “Ma, te quiero”. “Ma ¿me querés?. “Ma ¿hay plata para un Gaturro?”. “Ma, me quiero comer el mundo”. “Ma, sé que pregunto mucho pero si no pregunto ¿cómo hago para pensar”. Ma, ma, ma, ma. Suena lindo. Sin embargo y aunque respondo, no logro reconocerme en ese “ma”. Y me siento fatal.

A veces tomamos mates los dos y miramos el río y las palabras fluyen y siento que nos encontramos mágicamente. Lo miro y siento su alegría o su dolor….
A veces corro y grito “quiero que me devuelvan mi vida, la quiero de vuelta”.
A veces nos confundimos en un abrazo eterno y las palabras sobran.

A veces me siento aterrada, más chiquita que él. Más niña que él. Y extraño a mi mamá, porque yo también la perdí hace muchísimo tiempo y la necesito todos los días. Entonces pienso. Yo cierro mis ojos y me abrazo a mí misma y puedo sentir a mi mamá porque me sentí amada y cuidada. Porque tuve una infancia no perfecta pero feliz, llena de mimos y cuentos y tortas caseras y flanes de chocolate y palmaditas en mis nalgas porque era muy traviesa. Él no tuvo eso….y me vuelvo a preguntar ¿acaso hay algo más violento que quienes te traen a este mundo no puedan quererte..? Entonces tengo la imperiosa necesidad de decirle: te quiero. Yo te voy a cuidar. Porque en este mundo la ternura también existe, dejame que te la muestre. Y me muero de miedo igual que vos gigante chiquito…pero agarrate de mi mano porque no te voy a soltar. Y cuando los fantasmas vengan y las tormentas rujan fuerte, los dos buscaremos la manera de hallar refugio.

 

A veces me siento cerca, a veces me siento lejos.
A veces me siento muy triste y otras veces las sonrisas me invaden.
A veces, yo no sé quién es él. A veces yo tampoco sé quién soy. Él está perdido y a veces yo también me pierdo. Somos dos náufragos tratando de encontrarnos, de amarrarnos, para alcanzar la orilla.
Él está cansado y yo también. Él lucha y yo también.

 

 

Él lo intenta y yo también. Él cree que no puede, yo también creo que no puedo. Pero yo creo en él.
No tengo todas las respuestas, gigante chiquito y hay muchas curvas desgraciadas…pero quizás sólo se trate de descubrir y soñar el mundo, juntos. Al final y al cabo, eso es vivir. Y sí, yo también te quiero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escribe un comentario