La mentira en el niño: su sentido extra moral

Juan Alonso Casalilla Galán

Son muchas las ocasiones en que los padres consultan con preocupación porque su hijo miente;  miente en relación a sus logros escolares, niega hecho evidentes…etc. Con demasiada frecuencia padres y educadores se precipitan a juzgar, apresurándose a extirparla de raíz.

No obstante estos comportamientos merecen ser pensados, además desde un punto de vista extra moral, buscando el significado de los mismos más allá de su correspondencia con determinada realidad.  Merece la pena suspender por un momento el juicio que nos arrastra a la alarma y contemplarlos desde otro punto de vista.

Para todo ser humano, en determinadas ocasiones,  mentir es un modo de ser alguien frente al vacío inmenso que se experimenta. En el caso de los niños adoptados a veces mentir es aparecer como un niño más ante los otros niños de su entorno y responde a la necesidad de integrarse o adaptarse con los iguales y con sus padres, ocultando sus carencias o sus dificultades. Si los problemas son el modo que tiene el niño de enviarnos un mensaje, de decirnos una parte de la verdad de lo que le ocurre, el síntoma de la mentira o  la fabulación  podemos decir que muestran, en gran número de niños,  la necesidad momentánea de mantenerse ligado a ese mundo nuevo que le rodea, digamos que necesita este síntoma para no caer en un vacío inmenso del que hablábamos antes: no tener nada, no ser nada…, por lo que resulta evidente que necesitan mentir.

Las mentiras  deberían hacer reflexionar a los padres en lugar de indignarles. Es un grave error dar a tales comportamientos infantiles el calificativo de inmorales. Estemos atentos al motivo por el cual el niño recurre a estos modos de actuar antes de censurar y castigar. Los síntomas que vemos en nuestros hijos y que nos disgustan merecen un tiempo de espera y de diálogo entre los padres antes de darles un carácter moral reprobable.

Artículo extraído de deseoyrazon.blogspot.com

 

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