Este ejercicio cotidiano…

Susana Dulcich

Para quienes deseamos profundamente ser madres (padres), ejercer la maternidad (paternidad) nos significa una felicidad inmensa. Creo que no existe sentimiento comparable al amor que sentimos por los hijos. Es especial, único, y nos colma. Sin embargo, este ejercicio cotidiano de nuestro rol no es sencillo, ni fácil, no es un inacabable fluir de armonía y gestos de amor, ni está compuesto sólo de momentos maravillosos.

Para quienes deseamos profundamente ser madres (padres), ejercer la maternidad (paternidad) nos significa una felicidad inmensa. Creo que no existe sentimiento comparable al amor que sentimos por los hijos. Es especial, único, y nos colma. Sin embargo, este ejercicio cotidiano de nuestro rol no es sencillo, ni fácil, no es un inacabable fluir de armonía y gestos de amor, ni está compuesto sólo de momentos maravillosos. Suele ser agotador y generalmente nos deja bastante exhaustos y preguntándonos si lo estamos haciendo bien. Y esto es válido para cualquier madre o padre, haya llegado a serlo a través de la adopción o de la biología.
Es importante para nosotros como padres, conocer las etapas de crecimiento de los chicos para poder acompañarlos mejor. En la infancia por ejemplo, hay momentos que se caracterizan por la desobediencia, decir mentiras y tener actitudes desafiantes, sin que ello signifique nada más que eso, momentos en su crecimiento.

Los hijos dan trabajo e inevitablemente traen preocupaciones, porque sentimos que son lo más importante, y tenemos la responsabilidad de estar a su lado, de contener y sostener, de formar, de ser el límite contra el cual pueden arremeter una y otra vez sin temor, sabiendo que somos incondicionales…

A veces hacen cosas que nos resultan difíciles de comprender o nos enojan, y a medida que crecen, a menudo nos enfrentan y cuestionan de una manera que nos lastima. Hay momentos en los que sentimos que dialogar con ellos se hace casi imposible… En la adolescencia es común que no evalúen correctamente lo inadecuado de determinados comportamientos y sus consecuencias, y se vean por lo tanto expuestos a situaciones de peligro, o a experiencias negativas para ellos, que nosotros hubiéramos querido evitar.
En este hermoso trabajo de ser padres, no es bueno ignorar las dificultades, ni suponer con ingenuidad que en principio los hijos se portan bien, obedecen nuestras indicaciones y aceptan de buen grado nuestras reglas, que no hacen cosas indebidas, no agotan nuestra paciencia, no nos enfrentan en nuestras opiniones y decisiones, etc. etc. Los hijos hacen todas esas cosas y muchas más. No todos actúan igual, algunos transgreden más y otros menos, pero todos los hijos necesitan separarse de los padres, hacer su propio camino, y normalmente lo hacen enfrentándose a las reglas o las decisiones de éstos.

Habrá muchísimos momentos de alegría, momentos que nos despertarán sentimientos de enorme felicidad, pero probablemente también los habrá de dolor, desconcierto, incomprensión o enojo, y es importante saberlo, para no ver como extremadamente graves o preocupantes, algunas situaciones que son comunes en la relación entre padres e hijos.

No caigamos en el error de suponer que nos equivocamos o que hicimos las cosas mal, a causa de determinados comportamientos de nuestros hijos, ya que si bien nos causan inquietud e intranquilidad, son totalmente esperables. Pero al mismo tiempo tengamos una mirada autocrítica sobre nuestra conducta con ellos, para poder reconocer errores y hacer los cambios que sean necesarios para ayudarlos a crecer mejor.

*Madre por adopción y autora del libro «Nuestros hijos – Reflexiones de una mamá adoptante»