¿Es adopción? ¿Es adolescencia?.

Mercedes Moya Herrero


Este post no va de hijos, bueno sí, claro que va de hijos, pero sobre todo va de padres. De padres y madres preocupados, asustados –a veces-, tan informados e instruidos  que, por intentar entender y ayudar a sus hijos acaban sabiendo tanto que terminan viendo dificultades, síntomas y hasta patologías donde, tal vez, solo -¿sólo?- hay adolescencia.

No perdemos de vista, por supuesto, la gravedad de las pérdidas y las carencias que hayan podido padecer, el abandono y las separaciones prematuras que hayan sufrido nuestros niños y la capacidad -o falta de ella-, de elaboración de ese duelo y los elementos específicos que se encuentran en la construcción de identidad del adolescente adoptad como puede ser el tener que integrar diferencias de raza y su  personal búsqueda de respuestas y las inquietudes y ansiedades  acerca de sus orígenes. De su etnia y su familia biológica. Muchos de nuestros chicos y chicas ven en esta etapa aumentadas sus incógnitas, sus dudas existenciales, ¿De dónde  o de quién soy? ¿Cómo serán? ¿Cómo seré? Y todos los porqués, los porqué sí o los porqué no…. Y sabemos, porque nos hemos informado, de las repercusiones de los duelos no elaborados, de  la rabia mal gestionada…Y también sabemos que el enfado o la ira son emociones naturales que tienen su función y son necesarias para el ser humano y que expresar esas emociones no es un problema; la intensidad y la forma en la que se manifieste sí.  Lo difícil con este tema es dilucidar cuál es “el grado exacto, si se hace en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto;” -además de saber hacerlo con la persona adecuada-, que diría Aristóteles.  Y en el caso de nuestros hijos qué grado de rabia es atribuible a sus circunstancias adoptivas y qué grado es aplicable a su circunstancia adolescente. Y cuando es imputable a la suma de las dos circunstancias.

No resulta nada fácil.

“El adolescente adoptado pasa por la misma crisis de identidad y los mismos sentimientos de todo adolescente, pero se le suman las experiencias vividas en relación a su adopción y su origen distinto”. ( Vinyet Mirabent, 2012)

Y aquí está la clave, en ser capaces de distinguir qué corresponde a una intensidad “normal” y que no. Porque no todo es «adopción», no todo es por motivos del abandono, por haber sufrido adversidad en su infancia temprana… ¿O sí?

 Negativista. Desafiante. ¿TNG?

Sus cambios de humor, su inseguridad -que algunos cubren con chulería-. Su frágil autoestima, su aislarse del mundo que les rodea, el recrear fantasías. Todo va a incidir en su elaboración de la personalidad y no debe llevarnos a otorgarles etiquetas de manera apresurada. Los padres y madres adoptivos muchas veces vemos abandono y adversidad en muchas de las oscuras sombras de nuestro hijo adolescente. Muchos hemos leído y nos hemos tratado de informar tanto, que  achacamos a su condición de ser adoptado actitudes que creemos de manual, su ira es por su historia, su encerrarse en su mundo interior, es por su pasado, su comportamiento a veces en exceso impulsivo, es por lo ocurrido, sus cambios de humor o su hipersensibilidad.

Por ejemplo: la rebeldía, el intentar contrarrestar su ya mencionada inseguridad a través de la autoafirmación hace que, a veces nos lleven la contraria con esa forma de  instalarse en el “no” por sistema, lo que parece evidenciar (por lo mucho que nos hemos informado), la posibilidad de un Trastorno Negativista Desafiante(TNG), cuando hasta los niños más apacibles pueden ser difíciles y retadores en ocasiones y sobre todo en esta etapa del desarrollo.

Damos  por sentado que puede haber niños y adolescentes cuyo patrón de conducta persistente de desobediencia, irritabilidad, discusión o agresividad hacia los adultos pueden tener su origen en padecer ese trastorno. Pero este artículo va de niños y adolescentes que, con las conductas propias de rebeldía de sus hormonas revolucionadas que ponen su carácter en ebullición, tienen que padecer el que sus padres, suspicaces e instruidos, les etiqueten con dicho trastorno y les confieran ese dictamen cuando acaso lo que sucede es que se les exige demasiado o se le atribuyan conductas disrruptivas  por saltar y contestar mal cuando se les interrumpe en algo que les tiene completamente absortos o que requiere de toda su atención. Exactamente igual que le pasaría a un adulto en idénticas circunstancias (aunque por lo general el adulto no llega a demostrar su desagrado, o la menos de esa forma…).

¿Podemos los padres llegar a ser parte del problema?

Los cambios de humor son frecuentes en esta etapa, y acostumbrarse a eso es difícil. Y los cambios hormonales pueden afectar a la situación emocional del adolescente (me refiero a los  específicos del adolescente, y hago esta aclaración porque también la edad de la adolescencia puede coincidir con etapas de cambios hormonales sustanciales en sus padres/madres que pueden sumarse al polvorín).

Muchas de las conductas que tachamos como conflictivas se retroalimentan con el resultado que cuanto más intensa es la orden más intensa suele ser la oposición. Por supuesto que no todo es negociable pero muchas veces los padres somos poco hábiles en el trato con nuestros chicos/as y caemos en la trampa de pulsos dialécticos, olvidando que la rebeldía es algo bidireccional. Muchas veces por nuestro propio empecinamiento, otras por agotamiento y muchas por miedo (y nos tendríamos que revisar qué es lo que tememos).

Entre las cosas que nos quitan el sueño especialmente se encuentra sus amistades, “las juntas”, o tal vez su falta de amigos o sus relaciones poco estables, olvidando que el cambio de amigos es algo normal y, si bien debemos estar atentos a esos cambios de personas, de gustos, de vestuario y hasta de nuevas ideas con las que a lo mejor disentimos pero que pueden no ser preocupantes y que se deban a esa elaboración de su personalidad, a la búsqueda de identidad y a esa necesidad de sentirse bien con ellos/as mismos/as y con el grupo de amigos/as que frecuentan. Además algunos adolescentes (adoptados o no) tienen dificultad para hacer amigos o porque son reservados, o no acaban de sentir que encajan, -porque no les guste el fútbol, por ejemplo- o porque son más infantiles. Deberíamos confiar en que posiblemente encontrarán amigos más adelante en algún círculo con el que compartan sus intereses que a lo mejor son más personales.

¿Con qué se asocia la adolescencia? Consumo de alcohol, fracaso escolar, adicciones, abusos, drogas, vandalismo. Pero… ¿Son todos los adolescentes así? Por supuesto que no. Tampoco los términos adopción y “mala adolescencia” tienen por qué ir unidos. Por mucho que se empeñen el cine o los noticiarios en condicionarlos.

Por supuesto que sin desatender las circunstancias individuales de nuestros hijos, de cada uno, con sus particularidades y su idiosincrasia, probablemente sea necesario el plantearnos el darles un margen y darnos un respiro, apartar de nuestras cabezas la espada de Damocles y desterrar pensamientos Pigmaleónicos de expectativas erróneas y aprender a conceder a su evolución la normalidad que sea menesterevitar poner tiritas antes de tiempo ni otorgar etiquetas que no les corresponden.

No se nos puede culpar. Somos padres entregados que a fuerza de ignorar tantas cosas importantes sobre nuestros hijos, nos hemos sobrecargado de información de posibles consecuencias, y tratamos de remediar los síntomas antes de saber si hay dolencia, y vemos planear amenazadores fantasmas donde sólo hay sábanas de algodón tendidas al sol de una edad centelleante.

Porque a veces, muchas veces, NO es adopción es simplemente…adolescencia.

A continuación reproduzco la sinopsis o esquemas de la guía La protección infantil: el papel de la familia. Editada por el Departamento de Bienestar Social Deporte y Juventud de Navarra. En la que pone en relieve las particularidades de muchos adolescentes donde podemos contrastar que las vivencias y manifestaciones tanto emocionales como comporta mentales de nuestros hijos pertenecen a esa etapa crucial de su desarrollo.

Ver tabla orientativa del desarrollo físico, cognitivo y psicosocial en la fuente de referencia.

Fuente: adopcionpuntodeencuentro.com