El hijo ideal: ¿constructor o destructor del niño real?

Judit Fraidenray

La propuesta de estas jornadas es poder pensar en los niños dentro de la institución de la adopción. Se propone un niño ideal , un niño real y un pasaje de uno a otro.

Ahora bien, de qué niño hablamos cuando hablamos del niño ideal? De aquél niño idealizado que nos muestran generalmente los medios de comunicación? ¿Del niño que soñamos cuando fantaseamos con un hijo?. Si tenemos en cuenta que la idealización es el proceso psíquico en virtud del cual se llevan a la perfección las cualidades y el valor del objeto (en este caso el niño), estamos hablamos de un niño perfecto. Por supuesto ese niño perfecto que existe a nivel de la fantasía y en los medios de comunicación.

¿Cómo es el niño ideal en la adopción? Depende en qué lugar nos paremos. Creo que no es el mismo niño ideal para una institución como por ejemplo puede ser DINAADYF (desde donde no sé siquiera si se puede pensar en un niño ideal. Ciertamente me sueña paradójico hablar del niño ideal institucionalizado, o del niño institucionalizado ideal; no obstante, sería interesante saber si para las personas que allí trabajan existe un niño institucionalizado ideal).

 Decía entonces que no es igual, el niño ideal, para las instituciones que por ejemplo para los juzgados.  He podido observar que para muchos juzgados (siempre podemos barajar algunas excepciones), la mayoría de las veces los niños institucionalizados están despojados de su “ser humano” e investidos de un Nº, que corresponde al expediente y casi también a su identificación; tienen una carátula, a modo de cara y una historia contada por otros. Sería como un niño de papel conformado por cientos de hojas llenas de la opinión de muchos otros-adultos (familiares, vecinos, cuidadores, asistentes sociales, medicos, psicológos, psiquiatras, abogados, asesores, jueces, etc.).  Pareciera que a veces lo idealizado del niño está en la abstracción de niño, en cuanto se le han  reconocido sus derechos, aunque no se lo pueda ver en su humanidad. Otra forma de idealizar dentro de los juzgados es negando lo real de los niños entonces surge la idea de que todos los niños son adoptables facilmente por cualquier persona, de una manera rápida y desde allí se realizan ofrecimientos de chicos (desvistiéndolos de sus historias, necesidades y singularidades) y se escucha a funcionarios ofreciendo niños a personas más o menos conocidas con frases como: “no queres unos nenes que son preciosos y hay que sacarlos de la instituciòn?”  o “ustedes que tienen una casa grande, no quieren llevarse a unos hermanitos que tenemos para dar en adopción?”, cosificandolos de manera grosera.

Si nos paramos por donde circula el imaginario social / popular es frecuente escuchar afirmaciones o preguntas que ponen de manifiesto cómo es el niño ideal de la adopción en este imaginario. Cuando las personas (que no tienen proyectos de adopción) preguntan: ¿es cierto que los padres piden bebes sanitos, rubiecitos  y de ojos claros?; o las afirmaciones que dicen: “pobrecitos, están ahí solitos, abandonados y nadie los quiere porque son más grandes” o “seguro que no los adoptan porque son negritos”. Estos dichos son confirmaciones de la premiza: el niño ideal para adoptar es el bebé, blanquito y sano.

A nivel de imaginario social, también podemos ver la idealización del niño en la adopción en su contracara. Ya no como el ideal, ni siquiera como el real, sino como el depositario de los prejuicios, temores y fantasías destructivas de los adultos, esto se manifiesta en frases como: “todos los niños adoptados tienen problemas en la escuela” o “el chico le salio torcido porque es adoptado”, “los chicos adoptados nunca superan el trauma del abandono y por eso se hacen delincuentes”, o “si tiene más de 3 años ya no se puede adaptar a una familia”

¿Y cómo vemos al niño ideal si nos paramos al lado de las personas que quieren adoptar? Todos los padres, biológicos y adoptivos tienen su ideal de niño; sueñan, fantasean e imaginan al niño que desean y de igual manera aceptan, se resignan o rechazan al hijo real que nace y es como es.

En el imaginario popular está la creencia que ser padres adoptivos es “aceptar lo que te toque” (cosificando a los niños); “si quieren un  hijo no pueden tener tantas pretensiones”, casi  que está mal visto que las personas que desean adoptar tengan fantasías o expectativas respecto a la apariencia física del hijo. Los padres biológicos saben que su hijo, llevará la misma información genética que ellos y en algún punto se parecerá físicamente a ellos, esto es un acercamiento entre lo ideal y lo real, luego se encontraran con las particularidades del niño que nace, que pueden estar lejos del ideal. Mientras que los padres adoptivos no pueden fantasear con un hijo parecido a ellos (el ideal), a veces anulan cualquier fantasía respecto al niño real. Lo que prevalece es la  incertidumbre respecto  a cómo será el hijo real.

Aquí vale la siguiente aclaración: si bien es cierto que los futuros adoptantes comparten en muchos aspectos el imaginario social, también es cierto que por su lugar frente a la adopción, por su imposibilidad de tener hijos biológicos, por sus deseos de paternar, pueden hacer un movimiento que los diferencia de lo general y elaboran sus propias fantasías respecto al  niño ideal en la adopción. Este niño ideal de los futuros adoptantes también está bastante despojado de humanidad y más investido de simbolismos. La mayoría de las veces es el niño que los va a convertir de pareja a padres, va a llenar los vacíos,  será quien le de sentido a sus vidas, es de quien se van a ocupar y con quien se van a divertir juntos; otras veces es el hermano ideal para el hijo que ya tienen. A las personas les cuesta pensar en un niño concreto, palpable, con necesidades.

Ir del niño ideal al niño real es uno de los ejes del trabajo de los profesionales del E.I.A. durante el proceso de evaluación que se realiza con las personas inscriptas en el RUA

Cuando indagamos en las personas y parejas las fantasías y expectativas que tienen respecto al futuro hijo adoptivo, generalmente encontramos que lo más lejos que han llegado en su fantasía es en la edad del niño y a veces en el sexo (tienen preferencia por uno u otro sexo o les es indistinto), pero es muy raro que hayan pensado o imaginado otros rasgos, características o necesidades del niño; no se atreven a más, fantaseando de una manera etérea, con una presencia que no tiene consistencia.  Durante las entrevistas se les propone ir acercándose a  distintas posibilidades que se conectan con lo real de los niños. Lo real de los niños en adopción implica ver que esos niños son seres humanos que llegan y están en el mundo con todas sus especificidades, potencialidades y carencias. La población de niños que se entregan en adopción abarca una amplia gama de variables que se cruzan y entrelazan entre sí.

 Así podemos tomar por ejemplo la variable edad: va desde un bebé nacido prematuro (hasta de 6 meses de gestaciòn), a nacido a término y desde allí hasta la adolescencia. Niños de todas las edades son posibles hijos adoptivos. Sin embargo no todas las personas pueden ser padres adoptivos de niños de cualquier edad.

Otra variable es la salud tanto física como mental. Los niños de cualquier edad presentan la posibilidad de tener alguna enfermedad. Enfermedades hereditarias o adquiridas; agudas o crónicas;  posibles secuelas en niños prematuros; deficiencias mentales y muchas otras posibilidades. La forma más operativa de abordar este aspecto con las parejas es pensar en su capacidad para asumir hijos con: enfermedades tratables y reversibles; o crónicas tratables; niños con patologías más complejas o con discapacidad de algún tipo.

La realidad de los niños prematuros y las distintas posibilidades dentro de esa situación es necesario e importante profundizarlo, ya que por lo menos en Mendoza, son frecuentes las situaciones de niños prematuros que se vinculan en adopción.

Otra variable necesaria de ser trabajada es la etnia de los niños. Este tema es uno de los más resistidos, principalmente desde ámbitos no específicos de la temática adopción pero que están relacionados, como por ejemplo los médicos de hospitales. Como sabemos todos somos diferentes, y necesaria e inevitablemente la diferencia es un factor intrínseco en la adopción. Ahora bien, la capacidad para aceptar la diferencia en mayor o menor medida varía de una persona a otra y esta misma capacidad para aceptar y valorar la diferencia se pone en juego cuando se trata de aceptar a un niño como hijo. No todas las personas pueden aceptar a todos los niños y no todas las personas tienen la capacidad ni las condiciones personales para asumir en el lugar de hijo a un niño con determinadas características que ponen en juego las diferencias más explícitas. Que las personas sientan que no pueden adoptar un niño muy diferente físicamente a ellos no implica que sean mejores o peores personas, ni que tengan mayor o menor capacidad para ser padres adoptantes. Los niños, sean como sean, necesitan y merecen padres que los acepten tal cual son; no se puede forzar la aceptación ni la integración de un niño en una familia que no tiene disponibilidad para ese niño. Hay personas que pueden amar como hijos a niños muy diferentes a sí mismos y personas que no pueden hacerlo y este debe respetarse.

En Mendoza hay una significativa población de personas de origen boliviano, cuyos rasgos físicos son diferentes a los de la mayoría de los argentinos; esto implica que también existen niños bolivianos que se vinculan en adopción. Ahora bien, prácticamente no existen postulantes a adopción bolivianos, por lo menos en nuestra provincia; por lo tanto abordar con las parejas la posibilidad de integrar un niño de origen boliviano es absolutamente necesario. En ese abordaje hay personas que contactan con esa realidad y la toman como posibilidad y otras personas que no.

Otra variable que contacta con la realidad se relaciona a las vivencias que los niños tienen previo a una vinculación adoptiva. Las personas en general desconocen las condiciones de institucionalización de los niños y hay múltiples fantasías desde los “orfanatos macro” hasta que son “arrancados de la madre” para dárselos a ellos. La gama de posibilidades va de negar que a los niños le sucedan cosas hasta imaginar las más terribles de las condiciones. El temor al dolor y sufrimiento del niño muchas veces los limita  para pensar en otras posibilidades que no sea el bebe. Contarles aspectos reales de lo que vivencian los niños institucionalizados suele ser muy tranquilizador y los ayuda a abrirse a otras posibilidades.

También es necesario bajarlos a la realidad cuando se plantean la posibilidad de adoptar un grupo de hermanos, ya que suele ser común la fantasía de un bebé (que es el hijo que realmente quieren) que viene con un hermanito mayor, como si éste fuera un apéndice al que se acepta por su condición de hermano pero no como hijo en sí. Este trabajo tiene también sus particularidades en cuanto a la conexión con su deseo y a las necesidades de los niños.

Todos tenemos límites en nuestras capacidades y en la adopción se ponen en evidencia con mayor claridad. Aceptar el límite personal facilita una vinculación adoptiva más saludable ya que el niño tendrá aquellos padres que pueden incluirlo a él con sus particularidades y necesidades singulares

A medida que se ayuda a las personas a ir pensando en niños más reales van surgiendo en ellas distintas reacciones. Generalmente la primera y más frecuente reacción es la sorpresa que se manifiesta en frases como “no sabíamos todo eso” o “nunca había pensado en eso”. Otra reacción frecuente es una sensación de malestar e incomodidad por tener que hablar de posibilidades que se alejan del ideal, romper ese ideal es contactar con temores (muchas veces negados), ansiedades y limitaciones. Hay personas que expresan que no les gusta tener que hablar de eso (eso se refiere a los niños reales) sienten como si estuvieran “eligiendo” un niño y esto implica rechazar a otros; en este punto suelen enfrentarse a la clara vivencia de estar discriminando.

El objetivo del  trabajo profesional al abordar estos aspectos es que las personas se contacten con sus posibilidades reales y con sus limitaciones reales. Tanto la fantasía de creer que pueden asumir la paternidad adoptiva de cualquier niño (omnipotencia) como la de pensar que solamente el  bebe ideal es factible, son facetas de una misma idealización. En el primer caso de sí mismos y en el segundo del niño.

Cuando las personas se mantienen en el ideal, pueden tolerar las ansiedades y negar los miedos, mientras que el encuentro con lo real tienen una densidad que los moviliza y muchas veces desestabiliza haciendolos sentir mal hasta que se reorganizan emocionalmente.

En la medida que los adultos puedan ir pensando en los niños como seres con carencias, limitaciones y posibilidades, el encuentro con el niño real estará menos cargado de expectativas idealizadas, facilitará la vinculación y disminuirá las vivencias de frustraciòn en ambos.

Si las personas no pueden hacer el pasaje del hijo ideal al niño real, no hay cabida para un hijo. Podríamos pensar que en esos casos el hijo ideal destruye al niño real, éste último no puede ser visto; queda oculto por aquel

 Si las personas pueden hacer el pasaje, ver al niño real y reconocerlo diferente del hijo ideal; no investirlo de sus cualidades sino considerarlo con sus posibilidades, el hijo ideal se convierte en constructor del hijo real.

Pasar del hijo ideal al hijo real es salirse de sí mismo, renunciar al deseo narcisista  del hijo como reflejo que completa para trascender en el vínculo con otro que limita. El hijo real rompe la fantasía y por ello duele, el hijo real impone asumir las propias limitaciones y por ello frustra. Los hijos reales generan muchas más emociones, vivencias y dificultades que los hijos ideales.

Con el hijo ideal no hacen falta palabras; con el hijo real se puede construir la historia familiar desde la inclusión de todos los que participaron en la misma, desde su origen.

Solo cuando se logra hacer el pasaje de un hijo ideal a un niño real, se puede construir un hijo real.

Judit Fraidenray Psicóloga

(*) Ponencia presentada en las IV Jornadas Regionales y I Jornadas Nacionales Interdisciplinarias de Adopción. 

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