No me tuviste en tus brazos, no me cambiaste los pañales…

… No es mi intención mostrar acá el afecto que tengo, si no dar una reflexión de vida. Sos una de las pocas personas, o quizás la única que me baja a tierra.

“La vida es un plato de camarón” me dijiste, si no probás no sabés si puede gustarte o no.

Hay cosas que no llego a comprender de la vida, por cosas que ya sabés, porque no es mi momento de comprenderlas, y ayer, un domingo a la noche, en vez de hablar de banalidades y cosas más agradables, me pusiste en situación, en otros términos me bajaste de un hondazo. Y entendí, que debo hacerme responsable de mi parte, de mi persona. Me di cuenta que algunas de mis formas, no me llevan a ningún lado.

Me estás enseñando a crecer, no me tuviste en tus brazos, no me cambiaste los pañales, no me llevaste al jardín, pero me estás enseñando a transitar la vida, a ver que tiene lados hermosos, que merecen ser disfrutados, que debemos estar abiertos a las sorpresas, estar abiertos a las personas que desean conocernos, que no tienen malas intenciones, como las personas que me han dañado de pequeño. Ya debo aceptar que no soy ese niño, y aceptar que este camino de la adultez, que tanto deseé, hoy me cuesta y debo agradecer por tener un farol que me guía, que está dispuesta a escuchar y aconsejar, a abrirme la cabeza y tratar de que abra la coraza que me he creado.

La vida se trata de esto que describo, está bueno, cuando tenés la brújula perdida, haya un ser que pueda ponerte en situación, acomodarte. Simplemente hay que abrirse a la vida, dar a cada uno el lugar que se merece, estar más liviano y tratar de ser un poco cada día feliz.

L.S. para su mamá

 

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