Me subí a la montaña rusa

Hoy hace cinco años que ví por primera vez la mirada de mi niña. Ese fue el primer día del resto de nuestras vidas, porque cuando pude conocer esa mirada de ojitos verdes tristes supe que ya no había marcha atrás.
Ella me regaló un dibujo de corazones y mariposas con los lápices que le había llevado. Sus primeras palabras fueron: «¿vos querés ser mi mamá?», y con mi «sí» me subí a la montaña rusa de la maternidad de una pre adolescente.
En ese día a día, empezamos a construir nuestra familia, erámos desconocidas y no fue fácil… la vinculación iba por el camino de la realidad (bien lejos de los cuentos color de rosa).
Mi pequeña de mirada triste me puso a prueba una y otra vez, pero aún cuando los días fueron grises me repetía a mi misma «vos no podés defraudarla», detrás de tanto enojo había un grito silencioso de «quedate conmigo».
Más de una vez pensaba en «¿qué estoy haciendo acá?», pero a las dudas las opacaba con su mirada.
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El amor es importantísimo, pero el amor solo no es suficiente. La perseverancia, la paciencia, el apoyo psicológico, la red de amigos también fueron parte de este proceso.
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Pasaron los meses, los años, los pasillos de tribunales, el tan ansiado DNI… se recuperaron aquellos derechos que había perdido.
Hoy es toda una adolescente con la que seguimos en la montaña rusa (a veces con pelos parados).
Hoy sus hermosos ojitos verdes tienen otro brillo, su mirada tiene calma… y es ahí donde encuentro que todo ha tenido sentido (las risas y las lágrimas de este proceso).
Hoy nos disfrutamos, nos conocemos… hay muchos días de sol y mucho aprendizaje. Cada día doy gracias a Dios por habernos encontrado.
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Relato compartido por Gabriela en nuestro Grupo de Facebook.
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