Los tiempos de los hijos, los tiempos de las familias.

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En nuestra experiencia, el tiempo en la adopción, es laxo.
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El primer año con nuestro «chiquito», que ya era un adolescente, transcurrió rápido y fue de adaptación. A la nueva vida de ciudad, al nuevo barrio, escuela, compañeros, familia extensa, otras costumbres, otro «idioma» aunque hablábamos el mismo.
No aceptaba ni abrazos menos besos, y recuerdo que todas sus respuestas eran no.
Él necesitaba mucho más tiempo para empezar a destrabar sus resistencias, miedos, desconfianzas; desanudar alianzas y lealtades muy fuertes que tenía con su familia de origen.
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El segundo, no nos resultó fácil, él no se dejaba conocer. Muchas veces nos desanimábamos. Nos agotaba… pero seguíamos apostando.
Buscamos ayuda, que nos sirvió y pudimos entender muchas de sus cosas y nos afianzamos como padres de ese niño, tan distinto, pero muy bueno.
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Y nos ubicamos desde otro lugar como papás, entendimos que a veces éramos exigentes. Intentamos relajar un poco.  Así comenzamos a aprender sus gustos, sus miedos, él empezó a vencer algunas resistencias y ocupar un lugar en la casa…  Tal vez de hijo, pero había algo que lo trababa.
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En ese tiempo cuestionaba, a veces dejaba el enojo hablándole mucho y ya se dejaba mimar. Empezó a expresarse!!! cosa que siempre le costó horrores.
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Para el tercero, lo veríamos más seguro. Sus amigos colaboraron para que viera distintos modos de ser familia e hiciera preguntas comparando la nuestra con las de los demás.
Pasó el tiempo, con marchas y retrocesos pero cada vez más aumentaba nuestro amor por él. Suponíamos que era recíproco pero nunca decía nada, nada positivo sobre nosotros….pero veíamos que era otro niño, diferente.
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Recién pasado el cuarto año, logramos entenderlo más y él a nosotros. Por primera vez respondió a un «Te quiero» diciendo las dos palabras más maravillosas que salieron de su interior «yo también».
Aún le cuestan varias cosas. Entre ellas, que iniciemos el trámite de la adopción. Pero con muchísima paciencia -diría inagotable-, diálogo cálido y del no tanto, amor inmenso, ese chiquito, fue creciendo, madurando, y nosotros, sus papás, a la par.
Pasamos solo cuatro años desde que vive con sus padres y hermano mayor, podría decirles que casi estamos integrados y formamos otra familia, ahora de cuatro integrantes.
Nada fue sencillo, pero el ser padre, nunca lo es. Seguir adelante y ver su ser interior, más allá de lo que pase, fue lo que nos llevo al lugar donde ahora estamos. Felices!!
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Agradecemos estas palabras que nos hacen pensar en esos cuatro años de construcción vincular. El trámite de adopción es importante pero muchísimo más el sostén, el priorizar los tiempos y el sentir de ese pequeño adolescente. Gracias por compartir en nuestro Grupo de Facebook este hermoso escrito.
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Te invitamos a ver esta videoconferencia brindada por la Lic. Marcela Sirugo
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