Los elegidos

Arranco con este párrafo escrito por Laui en el último boletín de Ser Familia por Adopción:
«Hay encuentros en los que todo parece fluir, todo va maravillosamente y sentimos que los ‘elegimos y nos eligieron’. Sí, también hay momentos hermosos, soñados…esos son los que que hay que atesorar para que sean el ancla en los días de tormenta. No son solamente esos momentos los que sirven para construir. Nuestras familias se construyen también sobre las crisis.»
Sostener, palabra clave si las hay en este modo de construir una familia por adopción.

Cuando en un párrafo de cuatro líneas se encuentran plasmados muchos días -de alegrías, de angustias, de incertezas, de caricias, de risas, de certezas, de enojos, de impotencia, de humanidad- entre estos seres que en algún momento debemos elegirnos para ser una familia… Y entonces, si eso sucede, no será para que todo sea un campo de flores silvestres moviéndose al son de una brisa templada de primavera. No, más bien será la certeza que tendremos que estar para sostener.

Nuestra familia comenzó soñada. Mi niña deseaba ser hija tanto o más como nosotros papás. Entonces ese encuentro durante la vinculación, con estrategias más o estrategias menos, pudo ser en términos de redes sociales de esos que dan muchos “likes”: me vio, la vimos, nos sonrió, le sonreímos, muchos corazones, algunos berrinches y rigidez necesarios para saber nuestro propio espíritu. Bello. Bella.

Ni idea tenía que casi cuatro años después de semejante belleza tendría que sostener, y justo para el día de su cumpleaños, una crisis de angustia. De esas que el cuerpo incomoda, de esas que uno quisiera salir de su propio cuerpo y poder prestárselo un rato, para que alivie porque en el medio del llanto su deseo también sigue siendo claro: Ma, quiero estar bien.

Y uno allí entiende que esas mil sonrisas y abrazos sinceros entre nosotros no alcanzan ni tienen por qué apagar los dolores de su propia historia. Todo eso es parte necesaria de nuestra propia historia que es hermosa pero que no reemplaza la anterior. Estamos así para sostener mientras nuestras propias lágrimas salen sin poder hacer mucho más y con eso demostrar que aquellos dolores que infligieron otros tienen forma de ser cicatrizados.

Hoy más certezas que antes. Sus dolores ya son los míos.

 

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