La buena noticia sos vos

Me invitaron a contar cosas buenas, lindas, «los logros» que encontraba en el proceso adoptivo que voy transitando con mis dos pequeñxs. Lo primero que pensé es que la palabra «logro» es un montón… que a veces hay cosas que por momentos dirías que ya se lograron y en un parpadeo parecería que no.

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Todo es un vaivén, un espiral de idas y vueltas, o «avances y retrocesos» como suelen decir. Pero eso no quita que haya cosas buenas… simplemente que lo bueno es todo… lo bueno es estar juntxs… por eso a veces pareciera que atendemos especialmente a las disrupciones, que son las que hacen ruido.

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Se me vino enseguida la frase de una canción que amo: «la buena noticia sos vos». Así. En general.  Lo «bueno» son ellxs. Sus sonrisas, sus gestos, sus chistes, sus locuras, sus pavadas. Sus pequeños avances en actitudes, en carácter, en adquisición de hábitos sanos.

Las competencias de besos ruidosos, por ejemplo, que fueron ganando terreno a los abrazos bruscos del inicio.

O cuestiones que van apareciendo sobre normas o sobre buenas costumbres; algunos tan generales como saludar, compartir y dar las gracias. Otros más personales como poner la pava y vaciar el mate.

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Por otra parte también es lindo pasar a verte rodeada de juguetes hasta en el baño, de dibujos, de libros y canciones infantiles. Cada vez que ella me deja hacerle un «peinado fashion» o él me pide que lo peine a él también!

El «te cuento algo», que viene antes de alguna cosa que pasó cuando no nos vimos. Los planes a futuros muy lejanos.

De repente ahora parece que voy a envejecer gorda y feliz con la promesa de que cuando sean grandes todos los fines de semana me van a agasajar con asados, en una casa grande con una pileta gigante y me van a llevar a pasear en auto, camioneta, tren y micro.

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Creo que en definitiva el gran logro en el proceso es haber sido elegida para ser su mamá, porque son maravillosxs, y en particular  siento que la elección en cuanto compatibilidades fue genial. No me imagino con otrxs niñxs, aunque a veces sienta pena de no habernos encontrado antes, cuando eran más pequeñxs. Creo que eso es algo que suele pasar en esta constitución familiar…

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Logros puntuales, míos, podría mencionar varios… Pero uno que sigue vigente y es para mí muy simbólico es el de «la mesa». 

Cuando empecé el proceso, no tenía mesa de comedor, porque para mí sola bastaba con otras mesitas más chicas y cuando estaba preparándome con todos mis miedos, pensé: «quiero ser madre y no tengo ni siquiera una mesa para que nos sentemos a comer». Entonces, me puse en campaña con la mesa.

Busqué durante horas y días mesas y sillas «lo suficientemente buenas» para poder prohijar y después de buscar muchíiiiiiisimo, me decidí por una mesa y sillas de pino para personalizarlas a mi modo. Y las pinté. Las pinté de todos colores,  sicodélicas, hiponas. Únicas. Luego les compré almohadones y un camino que corte el color, pensando en el estilo, con consejos de amigas… una enorme dedicación y empeño a la mesa desde donde ahora escribo y ceno en familia cada noche.

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La primera vez que se sentaron a la mesa él dijo que era una «mesa de arco iris». Entonces pensé que algo se había cumplido, que toda esa preparación había tenido un sentido
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Lo mismo me pasó con «la playlist», el primer día que vinieron a conocer la casa y se pusieron a jugar en el cuarto que estaba armando.

Ella agarró mi teléfono y puso música. Como la aplicación pone primero lo más escuchado, empezó a reproducir las canciones que yo había listado como «Familia» que son las que escuchaba pensando en lo que vendría, y otras que me gustan muchísimo.

De repente estaba en la cocina y escuchaba jugar a quienes serían mis niñxs con mi banda de sonido personal de fondo. Parecía una película, simplemente no podía creer que lo que estaba pasando fuera real.

.Otro hito para mí es el sueño. Cuando ya instaladxs en el ritmo escolar de la jornada completa empezaron a dormirse temprano, eso fue maravilloso; porque cuando recién llegaron era extenuante todo lo vinculado a la hora del sueño. Ahí sentí que lo habíamos logrado. O la primera vez que bajé una fiebre. Creo que ese día por primera vez me sentí un poco una mamá.

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Hay también logros que son más de ellxs: la navidad y los cumpleaños, que deseaban tanto, que soñaban desde que se habían mudado. Tuvimos que pegar calendarios para contar los días, varias veces al día. Fuertísima la ansiedad. 

Haberles «armado» esos festejos que tanto deseaban, que se les haya cumplido un sueño y sentirlxs tan felices. Planificar todo, compartir, sorprender. Elegir los regalos y para ellxs recibirlxs. Encontrar lo que habían esperado. Hacer las tortas juntxs, entrar al salón, recibir de golpe tantas cosas, muy movilizante.

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Otros momentos muy particulares en nuestra primera convivencia son;

«La esterilla»

La esterilla es una que me había regalado mi mamá y yo usaba de vez en cuando, cuando me iba de vacaciones.

En nuestra primera salida -que fue a una reserva urbana de la zona- llevé la esterilla y una manta, hicimos un picnic.

A ellxs no les convencía mucho la idea, porque en verdad esperaban una salida a comer comida rápida, a un shopping o algo así, que no es mi estilo.

Comimos sentadxs en el piso, jugamos, saltamos a la soga, dimos una vuelta y después fuimos a un parque con juegos, a plazas, etc. Conocieron otro tipo de salida y al parecer les gustó. Más tarde armamos una bolsa con «juegos de aire libre», esterilla incluida, y yo siempre la uso para tirarme y descansar en el pasto. El «logro» está en que un tiempo después, ya viviendo en casa, empezaron a jugar solxs en el patio, cada vez con más despliegue. Y de repente, veo que ella había agarrado la esterilla, la había puesto en el pastito y estaba con todas las muñecas de gran juego sentada ahí.

Ahora siempre la busca, la usa. Se la apropiaron. Fue muy importante para mí, porque fue la primera vez que sentí «eso lo tomaron de mí»…

«Los pastos largos»

Ellxs vivían en una zona descampada, entre campos y baldíos. Entonces uno de los juegos que recuerdan con sus hermanxs y su mamá biológica es jugar a la escondida entre pastos muy altos, que claro, lxs cubrían.

Hubo un momento, al mes más o menos de mudadxs, que él me empezó a insistir (y convengamos que es realmente muy insistente…) que quería ir «a un lugar con pastos largos» para jugar a las escondidas.

Me señalaba lugares que veía al costado de camino que recorriamos cuando veníamos a casa desde la escuela vieja.

Le expliqué que a esos espacios no se podía ingresar libremente pero que a algún lado íbamos a ir. Entonces averigüé por otra reserva urbana que hay más cerca de donde vivimos, que no está reconocida del todo por lo que está bastante al natural y un domingo fuimos.

La alegría de esas criaturas fue inmensa. No acepté jugar con ellxs al juego que jugaban con su mamá de la panza. Por respeto a su historia me pareció que no me correspondía esa atribución, pero sí jugaron ellxs y entre lxs tres jugamos a otras cosas. Él estaba feliz, siempre se acuerda de esa salida y quiere volver. Sentí en ese momento que podíamos amalgamarnos y combinar las cosas que nos gustan y que nos constituyen.

Otras cosas que suceden y conmueven son pequeños, enormes momentos, como cuando «se prueban» mi apellido: se nombran, sobre todo él, con mi apellido en vez del suyo o cuando «ensayan» llamarme mamá.

Es también ayudarla en su primer trabajo práctico y que se saque un Excelente. Que celebre haberse sacado un 10. Que venga una mañana a la cama a contarme que pasó de grado. Poder calmar su miedo cantándole despacito al oído la primera vez que le sacaron sangre. Enseñar a maquillarse, a combinar la ropa. Que los juegos cambien haciéndose más tranquilos y que incluyan entre los personajes los nombres de la nueva familia extensa. Que por primera vez en la historia, creo que de su vida entera, no solo conmigo, él pueda sentarse a hacer la tarea sin berrinches. Sin decir «no sé», «me aburro», «no quiero». Sin hacer escándalo, sin retos, sin nada. Entusiasmado, atento, cansado pero con esfuerzo -y en el medio mientras atendia un llamado- que me haga un dibujo. Un lujo.

Podría seguir largamente, porque ahora también me descubro como esas madres que no paran de hablar de sus hijxs, y ese es también un logro. Verte, de repente un día a vos misma hablando como una «madre». Aún con todas las inseguridades y la inexperiencia, que te hagan sentir mamá es un logro enorme. Que te miren a los ojos, que te abracen diciéndote te quiero, que te pidan upa aunque apenas puedas moverlxs del piso y que cada tanto te tiren un «mami» miedoso, tímido, casi vergonzoso. Esa suma de momentos y de sensaciones que me atraviesan, me desbordan, me sacuden mientras construimos nuestra historia, me parece que son los «logros» de mi proceso adoptivo.

Agradecemos este hermoso recorrido enviado por L. S. ante la invitación a hablar sobre los logros en el proceso de construcción familiar.

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