Encuentro de siete

Hace cuatro meses que convivimos, hace cuatro meses que pasamos de ser dos a ser siete. Si, ¡7!

Me parece que pasaron años desde el día que conocimos a los pequeños.

Ese primer encuentro fue… caótico.

Cinco niños ansiosos, asustados, revoltosos. Dos adultos que estaban conociendo a sus hijos, sin sentirlos como tal, lógicamente. Dos psicólogas del Hogar, expectantes  y tres personas del equipo de la secretaría de niñez, que trataban de guiar un poco el caos.

Salimos abombados, mareados. Hacía calor, yo me descompuse… lo escribo y me rio de lo raro que fue todo… que mucho todo para todos.

Luego vino un mes de vinculación medio intensa, ya que nosotros tuvimos que viajar e instalarnos un mes en un departamento cerca del hogar en donde estaban mis niños.

En ese mes, nos fuimos conociendo. Hoy -a la distancia- digo qué poco nos conocemos en realidad en esos ambientes, en esos tiempos cortos en donde  todos tratamos de hacerlo natural, termina inevitablemente siendo forzado.

Los niños intentando manejar sus sentimientos encontrados, que genera la posibilidad de tener una familia “nueva” que los acoja. Los adultos… con el cuerpo escindido de la cabeza, que va a mil, que quieres que funcione, que te vean relajado, que las situaciones que puedan surgir serán “controladas correctamente”, ser amorosos pero no pesados, acercarte pero no tanto, buscar juegos que les interese, cambiar de juego cada exactamente dos minutos…

Y entre tanto caos ahí estábamos los siete, en una salita de 3 x 3, iniciando este camino. Cada uno de los siete, con sus historias, fracasos , alegrías, expectativas, ilusion y amor. Aprendiendo desde el momento cero que esta historia es compleja y en la misma medida hermosa.

Y si, los siete elegimos poner no solo el alma, sino también el cuerpo a este hermoso gran proyecto que es nuestra familia.

Sofía Pizzi, mamá por adopción de cinco niños.