Adopción en la Argentina: cada vez se anotan menos familias, hay miles de chicos que esperan y a los más grandes no los eligen

Cada vez se anotan menos familias, hay miles de chicos que esperan y a los más grandes no los eligen. (Informe especial: VideoLab)

A eso se le suma la baja en el número de postulantes. Hay menos de la mitad de personas que quieren adoptar que lo que había en 2022. Ese año, el registro reflejaba alrededor de 2516 aspirantes a adopción disponibles. Los últimos datos oficiales de 2026 dan cuenta de que hay 1107 aspirantes disponibles para que un juez los consulte.

Los números empezaron a desmoronarse hace una década. La diferencia abismal entre la cantidad de legajos correspondientes a 2017, donde había 5306 disponibles para ser convocados a un proceso de adopción, y los 1107 de este último mes, se puede explicar si se mira la fotografía completa.

Infografía: Iván Paulucci (TN / Videolab).
Infografía: Iván Paulucci (TN / Videolab).

Otro dato no menor es que el último relevamiento que se hizo sobre chicos en situación de adoptabilidad en la Argentina fue en 2020 por la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia y Unicef. En el informe que se publicó en 2022 se contabilizó 9154 chicos viviendo en hogares convivenciales y en familias de tránsito. De ellos, 2199 tenían declarada la situación de adoptabilidad, es decir, la Justicia había determinado que podían ser adoptados.

Los cambios en relación con la maternidad que se vienen dando tanto en la Argentina como en el mundo son clave para entender este fenómeno: tener hijos dejó de ser un mandato para transformarse en una decisión personal, profundamente meditada y, muchas veces, postergada o descartada.

Además de la baja en el número de aspirantes a la guarda con fines adoptivos, en el grupo que toma la decisión, los aspirantes se han vuelto más restrictivos en cuanto a las características de los niños que están dispuestos a incluir en su familia.

La mayoría manifiesta disponibilidad para niños pequeños, mientras que menos de un dos por ciento acepta la adopción de niños mayores de 10 años. Aún más reducida es la disponibilidad para grupos de hermanos, para niños con enfermedades o alguna discapacidad.

Los prejuicios sobre la edad de los niños y sus historias de vida aún persisten, más allá de la mirada de las leyes sobre su derecho a tener una familia y el trabajo que se hace en los hogares convivenciales.

Infografía: Iván Paulucci (TN / Videolab).
Infografía: Iván Paulucci (TN / Videolab).

Otro factor que modificó la situación de la adopción en la Argentina es que, durante mucho tiempo, se dijo que no había bebés en situación de adoptabilidad. Era cierto, pero ahora la realidad es otra: hay parejas a las que llaman de los juzgados para empezar la vinculación con un bebé.

Más bebés en situación de adoptabilidad

La razón por la que hoy hay más bebés en condición de adoptabilidad responde, en gran medida, al aumento de mujeres embarazadas que consumen sustancias psicoactivas y a una cadena de problemas que no son abordados de manera eficiente y que termina con muchos más recién nacidos que no pueden seguir viviendo con su familia de origen por falta de cuidados.

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En el caso de los bebés, la espera hoy suele ser relativamente corta en comparación con la de los niños y niñas más grandes. Tienen estadísticamente más oportunidades de encontrar una familia, mientras que los chicos de más de 6 años pueden esperar más tiempo.

La historia de la adopción de Brianna

Mario y Yamila están casados desde hace diez años. Buscaron tener un hijo durante mucho tiempo. “Fueron cinco años de médicos y estudios. Un día decidimos pensar en la adopción. Empezamos a investigar de qué se trataba, cómo era. Ahí empezó todo, todo lo que vino después”.

“Arrancamos en 2024. El proceso para la inscripción fue medio engorroso porque te piden un montón de papeles. Antecedentes policiales provinciales y nacionales, una vez que teníamos todo eso, fuimos al juzgado”, cuentan.

En ese sentido explican: “Comenzamos con una mirada de prejuicio, siempre tuvimos una idea en relación a nuestras posibilidades, nuestro hogar,que era de niños de 0 a 6″.

Mario es director de una escuela y Yamila es profesora. Al momento de inscribirse, creían que, al estar en contacto con situaciones sensibles en sus escuelas, estaban preparados para ser padres a través de la adopción.

“La primera entrevista en el juzgado de San Martín fue bastante fuerte. Nos contaron que algunas parejas devuelven a los chicos y por eso repreguntan todo el tiempo. Van al hueso para saber por qué las personas quieren adoptar”.

Ellos comenzaron el proceso en abril, después los llamaron en junio y en noviembre fue la última entrevista. “Nos dieron el apto, nos confirmaron que estábamos inscriptos. Eso fue jueves o viernes y el lunes nos llamaron por un nene de seis años”.

En el juzgado les contaron la historia del chico y les dieron dos o tres días para que lo pensaran. “Cuando salimos de ahí, ya soñábamos la vida con él. Después, cuando hablamos con las dos profesionales que nos acompañaron durante todo el proceso, nos dijeron que no teníamos las condiciones para darle la vida que ese nene necesitaba”.

A lo que se referían era que el nene necesitaba unos papás con otros tiempos, con otro nivel económico. “El proceso fue difícil porque había que decir que no”, recuerda Mario.

Yamila admite que sintieron mucha culpa. “Dijimos: ‘Dejamos un niño sin familia’. También pensábamos que no nos iban a llamar más. Algo así como entrar en una lista negra”.

“Decidimos irnos de viaje y cuando sacamos los pasajes, a las tres semanas nos llaman del juzgado. No sabíamos si era un nene de dos, de tres, de cinco o de seis años. Cuando fuimos nos contaron que había dos bebés, un nene y una nena, y nos preguntaron qué preferíamos”.

Ellos querían una nena. Había otra pareja que quería un nene. “A Brianna la conocimos con siete meses y medio. Nosotros estábamos más preparados para un nene de 5 o 6 años”.

La noticia de que era una bebé los impactó porque ellos pensaban que no había bebés en situación de adoptabilidad. “Cuando empezamos a vincularnos con Brichu, íbamos a visitarla a la casa de la familia de abrigo. Fueron tres o cuatro días. El 23 de diciembre nos dijeron que se quedaba con nosotros”.

“Una vez que ya estábamos con Brianna, nos siguieron llamando de cuatro o cinco lugares por otros bebés. No nos habían dado de baja del sistema”.

Como la de tantos otros bebés, Brianna nació en un hospital de la provincia de Buenos Aires; su progenitora estaba en una situación de consumo problemático de sustancias y ella quedó internada en el hospital.

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Mahatma, el hogar convivencial de los bebés en Mar del Plata

Giselle Continanzia es la fundadora del hogar Mahatma y describe una realidad que golpea desde el inicio mismo de la vida. La institución que dirige se especializa en bebés, muchos de ellos atravesados por contextos de consumo problemático, violencia o ausencia de cuidados parentales. “Son niños que llegan desde neonatología sin haber recibido caricias ni atención de sus progenitores”, explica.

Frente a esa situación, Continanzia propone cambiar la mirada: “No me gusta decir que están en situación de abandono, sino que lo que necesitan es estar a resguardo”. En un intento por resignificar el concepto y poner el foco en la protección y el derecho de los chicos a ser cuidados.

Para la fundadora, el aumento de casos en los últimos años deja en evidencia una falla estructural: “Un niño no debería estar acá, debería estar en una familia”,

El hogar intenta garantizar contención, afecto y condiciones dignas, en un contexto social cada vez más complejo, atravesado por la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades. “En el 2020 recibíamos pedidos de vacantes cada tres meses. Actualmente son a veces seis pedidos semanalmente. Los chicos que ingresan al hogar son niños que nacen, en el 90% de los casos, de mamás que consumen sustancias psicoactivas”.

Los chicos esperan mucho tiempo. “Les damos muchas veces a la familia biológica oportunidades en vez de dárselas a los niños. Hay más de 9 mil niños, según el CENSO de 2023, que están en hogares convivenciales y familias de tránsito”, explica.

Desde ese último informe, no hay a nivel nacional datos sobre la situación de los menores que están en hogares convivenciales o con familias de tránsito. Sumado a esto, en los últimos años, cerraron muchos dispositivos de cuidado y muchos bebes y niños fueron trasladados de un lugar a otro.

“Hay mucho mito en que la gente quiere bebés y que no quiere niños más grandes. Un poco mito y un poco verdad. Si todas las familias que se inscriben quieren bebés, no habría hogares. Esa es una realidad que tenemos. A la hora de pronunciarse en una decisión de adoptabilidad, la gente cree que, cuanto más chicos son los niños, es más fácil criarlosHoy tengo niños que hace dos años que están conmigo y nadie los ve”, cuenta Giselle.

También reconoce que hay muchos chicos que están en su casa y no están con medida de protección y la necesitan, pero “no se toman porque no hay donde ponerlos”, explica.

“Tenemos una nena que es la tercera medida de protección que se le hace. La recuperamos, la supercuidamos, logró hablar, caminar. Estaba óptima para la edad que tenía. Los padres apelaron, la Cámara hizo lugar al recurso de apelación de los papás y hoy la volvemos a tener con un hermanito. Sin controles médicos, y me encuentro con un sistema que se encuentra evaluando revinculación con personas que no la supieron cuidar”, detalla.

Y agrega: “Lo que debería pasar es que a la nena —que tiene tres ingresos al hogar— se le dicte una medida de resguardo, pero no puede quedar al cuidado de un familiar. Es una nena que se sobreadapta a todo. Tendría que haber una herramienta para que no pierda vínculo con la mamá, pero necesita estar con una familia. Los nenes siempre ponen el cuerpo. Cuando vuelven, vuelven peor. Ya están entendiendo lo que les está pasando y por qué, para qué los restituyen y vuelven a ingresar al hogar durante toda la infancia y a veces adolescencia”.

Respecto de cómo ve la situación, afirma: “Actualmente tengo 21 bebés, algunos en situación de adoptabilidad que no se van. Lo que está faltando es más comunicación con las familias que quieren adoptar. El año pasado, tuvimos una situación de una pareja joven que vino para hacer una vinculación y no quisieron. Ahí también expusimos a un bebé a que se le dijera que ”no» por segunda vez».

Sobre este punto, desde la provincia de Buenos Aires, informaron que a principio de 2026 se modificó la ley 14528 y se reemplazó por la 15610 exigiendo que los aspirantes se formen mejor.

La Ciudad de Buenos Aires

Victoria Morales Gorleri es la presidenta del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires y explica a Telenoche: “Hoy tenemos más o menos 925 chicos en hogares convivenciales de 0 a 18 años, con algunos un poquito más grandes porque los acompañamos en el comienzo de su etapa autónoma. La complejidad de los casos es lo que más nos preocupa”.

Infografía: Iván Paulucci (TN / Videolab).
Infografía: Iván Paulucci (TN / Videolab).

“Separar al niño de sus padres sucede en los casos de negligencia, en un 90 por ciento por consumo problemático o problemas salud mental. Eso deriva en que no manden a los chicos a la escuela y estén en situación de calle”, sostiene Morales Gorleri.

Según la especialista, todo esto aumenta más el riesgo de permanencia en el hogar, porque a veces también los abuelos o tíos está en consumo o con problemas de salud mental. “Es muy difícil encontrar una red que le garantice la restitución del derecho al niño, que es vivir en su familia de origen o a vivir en familia”.

“Ahí entra nuestra mirada para resolver rápido la situación de adoptabilidad cuando no resulta con su familia de origen. Poder tomar una definición de la condición de adoptabilidad que el Consejo de Derecho le propone al juzgado civil y el juzgado acepta”, explica la presidenta del Consejo..

Para definir el estado de adoptabilidad de un niño o un adolescente, primero se intenta la vinculación con la familia de origen, pero cuando desde el órgano administrativo —desde el Consejo de Derechos con los equipos técnicos y en diálogo con los hogares convivenciales donde viven— se llega a la conclusión de que no resulta, el Consejo de Derechos le informa al Juez civil que considera que hay que declarar la condición de adoptabilidad del niño. “Ahí comienza una discusión con los jueces. En muchos casos hay acuerdo y en otros no, y se dan distintas situaciones de miradas que hacen que no sea tan rápida esa definición”, señala Gorleri.

Infografía: Iván Paulucci (TN / Videolab).
Infografía: Iván Paulucci (TN / Videolab).

Y agrega: “De todos modos, cuando se llega a la decisión de la condición de adoptabilidad, comienza otro largo camino: el juez toma la decisión y nos pide legajos a otra área del Consejo que es el RUAGA (Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos de CABA). Ahí tenemos un gran problema que ocurre a nivel mundial, que es el de la cantidad de postulantes, un 80% elige niños de 0 a 5 años. En realidad, es de 0 a 3 años, pero aceptarían hasta 5 años. Sin embargo, nosotros tenemos en este momento 301 chicos en condición de adoptabilidad, pero solo 60 de 0 a 5 años. Con lo cual es muy complejo ese match entre el pretenso adoptante y el niño, sumado a que la elección de 0 a 5 años de los postulantes no incluye chicos que tengan alguna discapacidad, alguna problemática de salud mental. Nos exigen el match perfecto y no existe”.

Cambios en los tiempos de la adopción

Gorleri explica: “Si hay coincidencia entre el niño en estado de adoptabilidad y la persona, tarda cinco, seis meses, y se dan esos tiempos por el proceso de vinculación que es acompañado por los servicios técnicos. En seis meses podés tener la guarda adoptiva del niño”.

En ese sentido, indica que “los retrasos no tienen que ver con la burocracia, sino con el deseo de las personas y los chicos con sus historias previas”.

“La mayoría de los chicos tienen más de diez años, han vivido situaciones críticas, dolorosas, pero están muy bien acompañados y tienen una gran capacidad de resiliencia. Necesitan a alguien que los mire a los ojos de forma personalizada”, destaca.

Sobre los tiempos de revinculación con las familias de origen, la especialista sostiene: “La ley indica privilegiar la revinculación con la familia de origen. Pero si los intentos no funcionan, el chico vuelve a un hogar convivencial. Es un gran desafío que tenemos los equipos técnicos. ”Si su familia de origen no puede, con todo el dolor del mundo tenemos que priorizar el interés superior del niño y darle una oportunidad de una nueva familia”, afirma la presidenta del Consejo.

Para Gorleri, el desafío es poder acelerar los tiempos de los chicos, sin descuidar el trabajo que corresponde hacer con la familia de origen: “Cuando un niño entra a los dos años y llega a los ocho y todavía no se resuelve la situación, lo estamos condenando quizás a egresar a los 18 años del hogar sin tener una familia”.

La mirada de organización “Ser familia por adopción”

Laura Salvador, fundadora de la asociación Ser Familia por Adopción, explica que cuando un juzgado busca familia para un adolescente, muchas veces el juez cuenta con dos o tres legajos disponibles en todo el país. Una situación impensada años atrás, cuando la cantidad de aspirantes era muy superior.

Con respecto al aumento en la disponibilidad de bebés, debido al consumo problemático de sustancias durante el embarazo, Salvador advierte que, si bien esto podría parecer una respuesta a la demanda de los postulantes, detrás hay una realidad social más compleja y dolorosa, que además no resuelve el problema estructural: la falta de familias dispuestas a adoptar a niños mayores.

Durante la última década, organizaciones y equipos técnicos habían logrado instalar la idea de que la adopción no se limitaba a los primeros años de vida. Se promovían las llamadas “adopciones prioritarias”, enfocadas en niños de segunda infancia, preadolescentes y adolescentes. “Sin embargo, hoy ese trabajo parece retroceder frente a un cambio de tendencia que vuelve a poner al bebé en el centro del deseo adoptivo”, aclara Salvador.

El panorama actual genera preocupación entre quienes trabajan en el tema. La combinación de menos postulantes, mayor selectividad y condiciones sociales más complejas plantea un desafío urgente: repensar el sistema y, sobre todo, el rol de la sociedad. Porque, como coinciden los especialistas, la adopción no debería girar en torno a lo que los adultos desean, sino a garantizar el derecho de cada niño a crecer en una familia.

Sobre este Salvador, quiere reflexionar qué es lo que ocurre para que se de la situación de que un chico ingrese a un hogar con un año y esté seis años sin que resuelvan el cumplimiento de su derecho.

La mirada de la Justicia

La jueza de familia Claudia Portillo define el gran problema de la situación de adopción en el país: “Hay un fuerte desfasaje entre la cantidad de niños en espera y las familias disponibles. “Hay muchos más chicos que postulantes. Según detalla, tras la pandemia la cantidad de inscriptos cayó de manera significativa, mientras que creció el número de niños —en especial adolescentes y grupos de hermanos— que aguardan una familia”.

Portillo también pone el foco en un aspecto clave: la adopción es siempre una instancia posterior. Antes, el Estado debe agotar todas las posibilidades para que ese niño pueda permanecer con su familia de origen. “Ningún niño es separado de su familia de origen porque sí”, remarca. Sin embargo, advierte que muchas veces ese proceso ideal no se cumple de manera efectiva por falta de recursos o articulación, lo que deriva en chicos que pasan largos períodos en hogares o espacios de cuidado sin poder regresar con su familia ni acceder a una adopción.

La jueza también señala cambios profundos en la dinámica del sistema. La escasez de postulantes generó una situación inédita: hoy muchas familias reciben llamados de distintos juzgados al mismo tiempo. “Antes existía la idea de que nunca te iban a llamar. Hoy los llamados llegan rápido, incluso varios en simultáneo”, explica. Este nuevo escenario abre tensiones, ya que algunos aspirantes evalúan distintas propuestas antes de decidir, lo que puede demorar definiciones clave para los niños.

A esto se suman obstáculos concretos que muchas veces quedan fuera del debate público. La distancia geográfica, las dificultades económicas y la falta de licencias laborales inciden directamente en la posibilidad de avanzar en una vinculación. “Hay personas que no pueden aceptar una convocatoria porque no tienen cómo viajar o no pueden ausentarse del trabajo”, advierte. En provincias extensas, estos factores pueden ser determinantes.

Otro punto central es la preparación de quienes desean adoptar. La especialista subraya que no se trata de una experiencia comparable a otras formas de maternidad o paternidad: implica acompañar historias atravesadas por vulneraciones de derechos, construir vínculos con niños que pueden desconfiar del mundo adulto y asumir el desafío de reparar desde el afecto.

Finalmente, el foco vuelve a estar en los niños. Los expertos coinciden en que es necesario acompañarlos en el proceso de aceptar una nueva familia, elaborar la pérdida de su entorno de origen y construir un nuevo proyecto de vida. Solo así, sostienen, es posible garantizar adopciones saludables, amorosas y duraderas, poniendo en el centro el derecho de cada chico a crecer en una familia.

Créditos

Producción: Yanina Sibona / Anabella Romero
Guión: Yanina Sibona / Facundo Leguizamón
Corrección de texto y estilo: Silvana Stabielli
Realización: Juan Pablo Chaves / Nicolás González / Agustina Ribó
Edición de video: Facundo Leguizamón
Animación: Cinthia Thompson
Coordinación visual: Damián Mugnolo
Diseño de infografías: Iván Paulucci
Coordinación audiovisual: Daniel Gordo