¿Qué comprendimos?

Eri Arreguez
Primera parte: Un camino que comienza al revés

Nuestro recorrido como familia a través de una convocatoria pública nos hizo comprender una realidad que queremos compartir con ustedes. 

De los diagnósticos a los recursos propiamente dichos.

Sabemos que las instituciones que albergan niños no son ni buenas para todos ni malas para todos. Sabemos que los juzgados trabajan como pueden, con las herramientas que tienen y que como se explicó en «El camino de las convocatorias» son Juzgados de familia y no exclusivamente de adopción. Por eso, el mito mayor es pensar que «nadie hace nada», que «todo funciona mal”. Habrá cosas que sí y habrá cosas que no. No podemos en adopción hablar de “nunca”,  «siempre”, “todos”; porque estaríamos cayendo en generalidades cuando en realidad cada caso es un conjunto de singularidades. Dos hermanos -por ejemplo- pueden tener visiones totalmente diferentes de sus progenitores, de los juzgados, de las instituciones que los albergaron. Y eso no es que alguno mienta, en su mente también la realidad es un recorte que les permite vivir de la manera menos dolorosa.

Los diagnósticos, en las áreas psicosociales, muchas veces pueden ser absolutamente relacionados al entorno en que fueron realizados. También a veces en los aspectos clínicos ocurre esto.  Hay casos de enfermedades graves que en un entorno familiar de sostén, amor, cuidados y comprensión pueden mejorar la calidad de vida de ese niño. Dependerá en gran medida de generar una vinculación con él y no exclusivamente con su diagnóstico. Sabemos que las instituciones se manejan con la salud pública, que a veces los recursos humanos no dan abasto con la cantidad de niños y que muchas veces la mirada del servicio local, por ejemplo, difiere de la mirada del juzgado y así la rueda podría ser infinita.

Lo que antes era impensado

Este año en el encuentro nacional de Ser Familia por Adopción (no puedo citar textualmente porque no es tan buena mi memoria) la Dra. Claudia Portillo aportó una mirada muy particular que creo que quedó en el aire dando vueltas: que es que hoy en día las convocatorias públicas y la apertura que están teniendo los postulantes, son absolutamente favorables para todos los niños. Hoy con las redes y el acceso virtual a información, se puede repensar mucho más algo que años atrás desde el propio sistema era impensado: se daba por sentado por ejemplo, que para un niño mayor a 12 años no se iba a encontrar familia jamás. Por suerte para muchos niños esa realidad está cambiando.

Lo que todos podemos hacer posible

Hay que prepararse, hay que participar y hay que compartir, si vos no te sentís preparado quizá otra persona sí. Y respecto a esto, quiero hacer especial hincapié: cuando las convocatorias públicas incluyen bebés o grupos de hermanos «pequeños” se generan miles de compartidos y muchos comentarios como por ejemplo, que “sería mejor separarlos”,  “yo adoptaría al bebé y al de 4”.  Son tan importantes esos hermanitos como un/a adolescente que está solo/a en una institución, porque quizás, hasta cedió su derecho a estar junto a sus hermanos para que ellos sí “consigan familia”.
Por eso, desde mi lugar, yo misma critico a mis amigos y muchas veces les digo: te lleva 30 segundos compartir algo que subí, esto no es para el grupo , esto es para la red virtual en la que estoy inmersa, porque ¿saben las veces que escucho que hablan sin saber?  ¿Saben las veces que me enojo con la “empatía selectiva»?

El sistema somos todos. Si vemos algo mal tratemos, primero, de hacer algo para solucionarlo y después si no podemos hagámoslo visible. No tomemos piedras en el camino como “fracasos personales”, no creamos que ser familia por adopción es una cuestión de suerte. Hagamos cosas para que esos niños reales encuentren padres reales. No es fácil, nada fácil, pero tampoco imposible.

 

 

 

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