¿Puedo decirle al Juez que sí y que no al mismo tiempo?

Sonia Baliente
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Nos conocimos el 7 de diciembre del año pasado, nuestro proceso de vinculación no fue gradual, ese mismo día vino a casa y nunca más se fue. Por más que lo hubiera querido, ya no tenía donde estar… Luego de una historia caótica y de violencia con su familia de origen, luego de dos familias solidarias, luego de una vinculación fallida, nos encontramos.
No fue amor a primera vista, no fue alivio de por fin encontrar una familia o de por fin ser madre, después de tantos procesos de vida.
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Los primeros minutos de miradas, de charla, de contacto, son una locura. La sensación es de que uno no está ahí; las cosas te suceden y no podes registrar cómo es que hablas, sonreís, accionas.
Si estas sensaciones, al mismo tiempo que suceden me generaron vértigo, ganas de salir corriendo y a la vez la felicidad plena ¿Cómo se habrá sentido él?
De un día para el otro, se encontró en una casa extraña, en otra ciudad, con una persona extraña, sabiendo que algún día será tu mamá, o no.
Deben ser tantas cosas las que darían vueltas en su cabeza, desde lo más básico, de que todo el tiempo le preguntara que le gustaba comer, que ropa quería ponerse, hasta el de las preguntas trascendentales:
– ¿Hace cuánto tiempo que esperas?
– ¿Qué espero para qué? ¿para tener una familia?
– Si, para encontrarme
– Dos años
– Ah un montón, yo también esperé un montón. Pero ahora ya está, ya nos encontramos
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De ahí en adelante nuestro camino de vida ha sido increíble, caótico por momentos y muy intenso. Y con la sensación de que no podría haber sido de otra manera. Ha sido fundamental el grupo de amigos, la familia, el equipo técnico de la oficina de adopción, nuestros psicólogos, el diálogo, los limites, los viajes, los juegos, el respeto de los tiempos y la verdad, siempre, la pura y cruda verdad…
Imagínense lo que puede ser para un niño saber que sus padres no pudieron, no quisieron criarlo, el rechazo, el abandono, que su referencia afectiva, su abuela, se murió y eso significó el caos para su vida, que personas que tenían que cuidarlo no lo hicieron. Que un juez, decide por su vida (y por la mía…)
Tantos procesos de duelo tiene que pasar, pretendiendo que acepte la pérdida, que se adapte a una nueva realidad.
Para él, el cambio fue total; los adoptantes tenemos nuestra casa como refugio, la contención de la familia y amigos, pero ellos viven un cambio de realidad total. Cambio de ámbito, tienen que conocer de sopetón mucha gente, otra escuela, otra ciudad, dejar de ver a referentes, familia de origen, primos, todo…
Un texto sobre adopción y el duelo de los menores dice: No existe reconocimiento social de la pérdida que han sufrido. Se espera que sientan gratitud ante el hecho de tener una familia que lo quiera y eduque. Es un error pensar que sus vidas empezaron cuando las familias adoptivas entraron a formar parte de ellos.
A esto sumarle las expectativas del imaginario social, o el propio…
Con todo esto, recorrimos el camino, y ahí se entiende el porqué de los tiempos, de una guarda provisoria al principio, de una guarda preadoptiva de 6 meses, del seguimiento del equipo técnico.
Fui Sonia muchos meses, luego mami en juegos y ahora mama, mami, vieja, etc.
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Te quiero, te amo, vos sos mi mamá y yo soy tu hijo es una afirmación de autoconvencimiento. Para ambos.
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Y ahora frente al inicio del juicio de adopción, en donde está recordando y hablando mucho de su historia, para dar cierre, donde puede estar triste y llorar por sus situaciones vividas, en vez de enojarse, en donde va aceptando esta realidad de familia me dice: No me gusta lo definitivo… ¡Quiero saber toda mi historia! ¿Por qué solo estuve 8 meses con mi mama? Quiero saber cual fue la primera palabra que dije.
Claro, tiene que elegir si dejar o no sus apellidos, sumar el mío. Sabe que un papel va a decir que soy su mamá para siempre. Un mundo por delante y sensaciones mezcladas, soy y no soy su mamá…
¿Puedo decirle al Juez que sí y que no al mismo tiempo? Perfecta pregunta…