Perspectivas de la adopción

Pensar la adopción requiere multiplicar perspectivas para visibilizarla a la luz de las pluralidades que siempre se pondrán en juego.

También replantear mucho sobre lo que las adopciones -también en plural- generarán como desafíos a cada uno de los que somos parte del sistema. No solo para los profesionales intervinientes; también para los adultos que desean adoptar, organizaciones, para la sociedad en general y especialmente para los adolescentes, niñas y niños.

Requiere, siempre lo pienso así, cambiar el punto de vista. Girar sobre nuestro eje, pero también girar en torno a la adopción y sus múltiples aristas.

La adopción para los adultos que desean adoptar.

Para los adultos es una opción, una forma -entre otras posibles- de construir una familia. No es igual a otras configuraciones familiares, tiene especificidades que requieren ser anticipadas, procesadas y asumidas.

Claramente implica una decisión del adulto, un acto comprometido sin garantías.

Algunas veces puede ser la última opción cuando ya se desestiman las posibilidades de realizar tratamientos de fertilización asistida.

Que sea la última opción no siempre es negativo. Puede ser una decisión oportuna, siempre y cuando no se limite la perspectiva en una continuidad lineal del proyecto de familia. ¿Por qué?

Porque la adopción requiere una ruptura, un cambio radical de perspectiva. Porque no intenta concretar las ilusiones de los adultos, sino remediar las desilusiones de los niños que requieren una familia definitiva.

La adopción no puede verse como una obligación moral, ni pensarse como una forma de paternidad y/o maternidad prescripta por nadie. En varias oportunidades he escuchado a personas con la indicación médica de comenzar el trámite para adoptar porque los tratamientos de fertilización asistida ya no podían ofrecerles soluciones.

Otra situación habitual es comparar a la fertilización asistida y a la adopción, como si existiera un instrumento que pudiera sopesar ambas formas de construir una familia. La adopción no es una forma «mejor» ni «peor» de ser familia. Habrá adultos que la consideren como una posibilidad y otros que directamente sientan que no tienen capacidad de ahijar a quienes no están unidos por lazos genéticos. Ninguna de esas posiciones es reprochable.

Quienes solo pueden pensar en hijos biológicos tienen una limitación para adoptar, restringiendo el diverso universo de paternidades a la acotada posibilidad individual que cada uno de los humanos tenemos.

Quienes optan por los tratamientos de fertilización asistida no son más egoístas ni peores personas que quienes deciden adoptar. La adopción es una opción que requiere recursos específicos para construir lazos filiatorios.

Afortunadamente la adopción está divorciándose de los problemas de infertilidad biológica. En la actualidad se inscriben muchas familias sin dificultades de fertilidad, por el simple hecho de que eligen adoptar. Esta situación no representa que estas familias tengan mejores condiciones subjetivas pero sí que se amplía la diversidad de familias que emprenden este camino.

Las motivaciones de cada adulto implicarán un arduo trabajo para los profesionales que acompañan los procesos. Algunas motivaciones pueden ser valiosos ejes para comenzar a girar, aunque otras requieren detenerse. La adopción no debería considerarse una solución para ningún problema, más bien implica un nuevo orden de problemas a abrazar y para lo que hay que tener los brazos lo más libres que sea posible.

Los adolescentes, niñas y niños que llegan a las familias requieren mucha entrega y esfuerzo por parte de los adultos, además del amor que se irá construyendo a través del tiempo.

Ellos no llegan para suplir a nadie, y estan muy lejos del ideal de adaptarse a la vida de los adultos. Y lo más importante: son totalmente ajenos a las motivaciones que encaminaron a quienes decidieron inscribirse para adoptar.

La adopción para los adolescentes, niñas y niños.

Antes que nada, quiero aclarar que en esta propuesta de girar hace unos días pensé no seguir mencionando mecánicamente N. N.y A. (niños, niñas y adolescentes). Considero importante cambiar el orden A. N. y N. (adolescentes niñas y niños) para visibilizar la realidad de los destinatarios de las adopciones en Argentina.

Mayoritariamente los adolescentes son quienes necesitan que el Estado les encuentre familia. Porque en la medida que aumenta la edades de los niños decrece la cantidad de adultos con disponibilidad para iniciar una vinculación. Entonces, considero pertinente empezar nombrando a quienes estan prioritariamente necesitando cumplir su derecho a desarrollarse en familia.

Para ellos la adopción no siempre es «una opción». Llegan a esta instancia después de sobrevivir a situaciones traumáticas que ponen en relieve el desamparo y la desilusión.  Para ellos no siempre la adopción es una opción a la que se llegue con «facilidades», ya que implican pérdidas que requieren procesos de duelo y que incluso continuarán reeditándose en la nueva familia. Para los adolescentes, niñas y niños la adopción puede ser el último recurso para crecer en familia.

La adopción para los profesionales intervinientes

Requiere trabajo articulado interdisciplinario, actualización y construcción permanente de prácticas que no pueden generalizarse porque más allá de los procedimientos legales cada proceso integrativo es único. Implica evaluar capacidades parentales adoptivas, considerar recursos subjetivos de los adultos y de los niños, también compatibilidades posibles.

Requiere replantearse las dificultades, pensar si las conflictivas en el proceso vincular implican detenimiento de esos procesos o la oportunidad de cambios de estrategias. Exigen creatividad para generar recursos. Se hace necesario despersonalizar, correrse del juzgar(se), de caer en la personalización y culpabilización para poder hacer lectura desde el devenir de situaciones generadas.

La supervisión  y el reordenamiento de las intervenciones puede dar lugar a un desandar caminos que propicie un rumbo sólido para construir prácticas.

La adopción para la sociedad

La sociedad en la actualidad está atravesada por prejuicios y concepciones adultocéntricas. Los cambios en la ley  que rige en Argentina desde 2015 reflejan concepciones de la adopción superadoras, las concepciones sociales instaladas se aferran a ideas de la adopción ligadas a la caridad, a la beneficencia, y a la solución -que debería ser inmediata- de enmendar la infertilidad de los adultos.

El tiempo, el trabajo de profesionales especializados, de asociaciones y de familias va generando cambios. Hay mucho por deconstruir y crear. ¿por qué? Porque la adopción exige estar a la altura de las necesidades de los adolescentes, niños y niñas; tarea nada fácil ya que la adopción se inicia en situaciones dramáticas. Desde allí es que se impone no olvidar ni idealizar, para acompañar los procesos propios de quienes son su eje -A.N. y N.- y de las familias.

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