Navidades

Muchos adornos.
Mucha comida.
Muchos preparativos, compras, regalos, corridas….
Muchas vueltas y -casi sin frenar- se piensa en quienes estarán y se sienten ausencias…
Muchas familias atravesando estos días, que son felices y también amargos por momentos. Los adolescentes y niños movilizados por recuerdos y anhelos, también los adultos con nuestras expectativas.
Les -y nos deseamos- amor y paz para sobrevivir a las emociones que condensan estos días especiales del año. También para disfrutar de las pequeñas y grandes felicidades que producen los encuentros.
Estamos felices de acompañarlos y les agradecemos lo mucho que ustedes nos acompañan a nosotras.

 

Relatos y experiencias sobre las fiestas.

.  Para muchas de las familias que conformamos Ser Familia por Adopción no siempre las fiestas son o fueron felices.

Nuestros hijos no siempre tienen la mejor predisposición para las celebraciones sean cumpleaños, Navidad o algún otro festejo.

Quizás habíamos soñado con un árbol gigante, un papá Noel llegando desde algún lugar y nuestras casas no se vistieron de fiesta y hasta hubo angustia, llanto y enojos inexplicables. Después remontamos, la piloteamos y volvimos a empezar.

A veces, aún pasados años, la tristeza vuelve y otras desaparece y comenzamos a disfrutar.

¿Siempre es así? Nooooooo. Solo lo cuento para que si alguien en estas fechas está pasando por momentos complicados con los peques, sepa que pasa más de lo que creemos y de lo que imaginamos. Abrazo de osa!

Laura Salvador.

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  Muchos años armamos el arbolito con un ritual familiar que él me enseñó: Al poner cada adorno en el árbol mencionábamos a algún miembro de la familia: de la familia de origen de él y de la familia de origen de cada uno de nosotros. Un año pudimos compartir ese ritual con su hermanito, que nos visitó un ocho de diciembre.

Para mí las navidades – navidades fueron las de mi infancia, cuando con mis primos disfrutábamos la magia de los regalos y juegos. Con la llegada de nuestro hijo, las navidades nos implicaron esforzarnos para que él pudiera disfrutar.

Creo que los preparativos fueron más disfrutados que el momento de la cena. Hacer adornos juntos, preparar recetas especiales nos unía mucho. Recuerdo un papá Noel reciclando cajas y cartones, un arbolito con una revista, turrón crocante… Recuerdos hermosos de los preparativos.

Pero desde las horas previas, la nochebuena siempre tuvo momentos difíciles. Enojos desmedidos y tristeza, que pasaban, pero siempre acechaban.

Este año, por primera vez, él puede concretar el sueño de pasar las fiestas con su familia de origen. Su otra mamá le dijo: “una fiesta con cada familia, porque vos tenes dos familias”.

Y así estamos, transitando el regalo de escucharlo feliz y saberlo cumpliendo un sueño especial.

Gabriela Parino

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En casa, por mucho tiempo no hubo arbolito; solo algún que otro adornito porque para mí no tenía sentido.

Este año nuestro hogar está repleto de sentido, emociones, risas, berrinches, juegos, piropos, guiñada de ojos y mucho amor!

“Nuestro arbolito guarda momentos muy importantes de sus vidas, sentimientos, amigos, fe y esperanzas, un antes y un despues…”

Florencia Brascetta

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  La temporada de fiestas abre el 23/12 con tu cumple y cierra el 05/01 con el mío (a los Reyes ya los dejamos ir a casas de mas peques). Generalmente estamos res(guardados) en las fiestas, más callados, con poquita gente, nuestros perros y no mucho más.

Todavía siento que es un momento a atravesar, aunque también está vivo de recuerdos lindos.

Arranca con tu nacimiento, en el que me gustaría saber qué estaba haciendo yo cuando salías a tu primera tarde de calor, saber como lloraste, si te sentiste bien, si eras un bebé cascarrabias con hoyitos.

Parte del aprendizaje es aceptar que no estuve allí, pero estoy acá, sosteniendo también tus primeras salidas.

Arbolito de por medio, regalitos, año nuevo y mi cumple. Que ya no es mi cumple, si no también la fecha de aniversario del inicio de este equipo (el casamiento con papá) y la de la entrega en el mismo lugar y con foto similar, de tu partida de nacimiento declarando la adopción.

Es un época de movimientos, donde el mejor brindis, es por el equilibrio de esta manada. A seguir creciendo, aprendiendo y dejando espacios.

Gabriela Guimenes

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En nuestra familia la navidad siempre tuvo un lado muy religioso. La llegada del niño Dios fue siempre nuestro motivo de encuentro. Pero desde hace algunos años la casa empezó a llenarse de cartas a “Papá Noel”, gorros rojos y ensayos al pesebre viviente… una combinación nunca antes pensada.

La navidad pasó a ser multitudinaria y llena de besos, abrazos y juegos con espuma de carnaval; ya que uno de nuestros niños no puede escuchar el ruido de los artificios. Así que la espuma es una gran alternativa.

Durante algún tiempo eran dos, hasta que llegó uno más a compartir esos momentos…

Desde allí los regalos del arbolito se multiplicaron … y ahora hay para ellos tres y los hermanos del más chico, porque tiene que haber para todos.

¡Cómo disfrutan la navidad! Siendo los reyes magos de los pesebres y celebraciones que haya… Esa es su manera de festejar. Y nosotros orgullosos de esos tres jóvenes que disfrutan siendo Melchor, Gaspar y Baltazar para los más chicos.

Anahí Devetter

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  En casa también la Navidad y el Año Nuevo tuvieron un significado muy especial. Por ejemplo cuando era chica festejabamos el 25 y no el 24. Recuerdo que en una época sufría bastante esto porque antes de 12 estábamos en cama y yo quería esperar la media noche con mis vecinas que eran mis amiguitas. Después con los años mis padres se fueron aggiornando a las costumbres argentinas y festejabamos el 24 y el 25.

Cuando falleció mi mamá y quedé sola recibí las fiestas durante 12 años con mi prima, amigos o vecinos pero nunca más armé el pesebre y el arbolito, hasta que llegó Caro hace 22 años. Ella desempolvó el pesebre de madera hecho por mi mamá cuando yo era chica y también mi corazón y mi vida entera.

Mónica Oven

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  Mis Navidades de pequeña eran realmente una fiesta. Regalos para todos, la pizza rústica y los budines hechos por mi abuela, las infaltables bombachitas rosas para estrenar, el vestido nuevo, que me compraba mi mamá, para esta ocasión, mesas largas decoradas, el pesebre añejo, que aún conservo, con figuras muy frágiles y el infaltable arbolito arriba del mueble. Las fiestas eran deseadas y esperadas por todos o era lo que a mí me parecía.
Con el tiempo, hubo sillas vacías. Primero, mi amado abuelo Colo: el que tenía un corazón como pocos, de una nobleza tan grande y de una complicidad conmigo, simplemente mágica. Más tarde, mi abuela Coli: divertida como pocas, la que nos disfrazábamos juntas, la que compartíamos los matecitos todas las tardes a las 3 en punto.

Ya las fiestas empezaron a no gustarme tanto. Las ausencias me dolían pero, me daba esperanza la futura llegada de una presencia: la de mi hijo o hija.
Y llegó ella: fresca, alegre, pícara, extrovertida. En todas las fiestas del año había enojo, tristeza, llanto, berrinche pero en Navidad no. Mily podía disfrutar armando el árbol navideño, escribiendo la carta a Papá Noel y yendo al shopping a sacarse fotos con los duendes.

Milagros creció y es una adolescente que fue sanando viejas heridas, de a poco, despacio, a su tiempo. Y el año pasado, en pandemia, me quiso sorprender a mí. A mí que es con la que màs confronta, con la que màs se enoja y con la que màs le cuesta construir vínculo.
Fue a una casa de disfraces y alquiló el traje de Papá Noel.

¡Si ustedes la hubiesen visto cuando apareció con los regalitos!¡Tan contenta!

Escribo estas líneas y se me llenan los ojos de lágrimas de emoción. No parecía una joven, era una niña feliz viviendo, a lo mejor, un momento que hubiese querido vivir en su infancia herida.

Carolina Recalde

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Mis Navidades siempre fueron con muchísima familia. Abuelos, tíos, primos. Y como buena familia española no faltaba jamás picada con queso, chorizo colorado, jamón crudo, tortilla y después el pulpo a la gallega con papas.
Años de alegría, pandereta, armónica, baile y canciones en gallego. Todo era maravilloso.
Con el tiempo fuimos creciendo y cada uno fue celebrando con su familia.
Durante años mis Navidades de adulta seguían siendo ” de muchos” . Nosotros 7 ya éramos multitud.
Como tradición, que seguimos sosteniendo, a las 12 de la noche llega la torta con una velita y le cantamos el feliz cumpleaños a Jesús.


Hoy con algunos menos en la mesa se celebra igual. De pie, con tristezas en el corazón y lágrimas en los ojos, pero se celebra!!!
Se celebra la vida compartida. Se celebra tenernos unos a otros..
Se celebra nuevos sueños y proyectos. Se celebra lo que está por llegar… y por supuesto, mis nietas ahora son las que soplan las velitas del niñito Jesús.

Pilar Arias Iglesias

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  Las navidades tienen ese no se qué… que refloran sentimientos y emociones. Nos pone un poquito más vulnerables, bueno, al menos a mi me pasa… Puntualmente esta navidad me agarró más movilizada y abierta a percibir todo lo que el alrededor me provee… Un árbol que decidimos armar después de 4 años de no hacerlo tiñe de rojo y verde la espera en la que nos encontramos. Esa espera que a veces “desespera” pero otras veces “esperanza”. No es casual que a ambas palabras encomilladas se compongan con “espera” porque tiene un poco de las dos.

La navidad también me pone reflexiva y soñadora… Imagino que en algún lugar estará ese niñe que al tocar las doce mirará esa estrella a la que le pedirá el mismo deseo que también le pediremos nosotros para que la próxima navidad nos encuentre juntxs bajo la misma estela…

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Hoy brindaremos por todxs aquellxs a los que su estrella les cumplió el deseo y por nosotros para que nuestra espera siga teñida de esperanza. ¡Feliz navidad!

María José Corral

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¿Cuántos tipos de Navidades pueden vivir en nosotros? Creo que tantas como personas hayan podido dejar en nosotros ese recuerdo.

En mi infancia, lo mágico se hacía presente con cortinas voladas dejando regalos regados. En mi adolescencia, en cambio, la idea de la música como rectora de esta fiesta. Y ahora en la adultez y con la llegada de mi hija -quien ya edificó recuerdos de navidades juntos a otros- buscaba desesperadamente ser quien deje un recuerdo, un signo diferencial, distinto y amoroso de la Navidad en familia. Y así siempre con pretextos con forma de lucecitas y papeles de colores brillantes intentando descubrir en mi hija una sonrisa de sorpresa, una expectativa cargada de ilusión.

A veces pasó.

La primera Navidad que pasamos juntos sucedió! ¡Esa alegría inmensa con ese peluche gigante! Y a nosotros que se nos explotaba el corazón de verte reír así. Y en la segunda también. Pero en otras no. Porque a veces las expectativas o lo incierto no se lleva bien con la alegría. Entonces empezamos a fabricar navidades más conversadas, más certeras. Con las mismas lucecitas y papeles brillantes que antes. Lentamente dar lugar a la sensación de cotidiano y caer en la cuenta que nuestros hijos confían en nosotros. Y ahí estaba la magia de nuestra Navidad. ¡Feliz Navidad a todos!

Griselda Moreno