Disponibilidad adoptiva y responsabilidad.

¿Qué significa realmente estar disponibles para adoptar?

Una consulta frecuente que recibimos desde hace años en Ser Familia por Adopción tiene que ver con la relación entre salud y disponibilidad adoptiva.

Muchas personas inscriptas para adoptar nos preguntan:
“Si estoy atravesando un tratamiento médico o un problema de salud, ¿puedo seguir inscripta/o?” Y junto con esa pregunta suele aparecer otra preocupación: “¿Si aviso al registro me pueden dar de baja?”

Estas dudas no son menores.
Hablan del deseo de sostener un proyecto adoptivo y, al mismo tiempo, del temor a perderlo frente a circunstancias personales difíciles o transitorias. Por eso creemos importante abrir una reflexión sobre qué significa realmente estar disponibles para adoptar.

La disponibilidad adoptiva no es solamente administrativa

Con frecuencia se piensa la disponibilidad únicamente como un estado registral:
estar o no estar inscripto.
Sin embargo, la disponibilidad adoptiva implica mucho más que eso.

Supone poder contar, en determinado momento de la vida, con recursos físicos, emocionales, subjetivos, vinculares y cotidianos para iniciar y sostener un proceso de vinculación con un niño, niña o adolescente.

La construcción de un vínculo adoptivo requiere presencia, tiempo, capacidad de alojamiento emocional, flexibilidad, sostén y disponibilidad psíquica para atravesar un proceso intenso y profundamente movilizante para todos los involucrados.

Por eso, en algunas circunstancias, una persona o familia puede necesitar priorizar momentáneamente su propia salud o reorganización personal antes de iniciar una vinculación.

Y eso no implica renunciar al proyecto adoptivo.

Estar transitoriamente no disponible no significa perder la inscripción

En muchos casos, cuando una situación de salud u otra circunstancia importante dificulta afrontar un proceso de vinculación, lo adecuado es informar al registro para que el legajo pase a una condición de “transitoriamente no disponible”.

Se trata de una medida de cuidado.

Cuidado hacia los propios adultos, que necesitan atravesar un tratamiento, recuperarse o reorganizar aspectos importantes de su vida.

Pero también cuidado hacia niñas, niños y adolescentes, cuyo proceso de vinculación merece adultos que puedan estar presentes de manera sostenida y comprometida en un momento particularmente sensible de sus vidas.

A veces existe miedo de comunicar estas situaciones por temor a ser excluidos del proyecto adoptivo.
Sin embargo, poder reconocer los propios límites, necesidades o tiempos también forma parte de las capacidades necesarias para construir una parentalidad adoptiva responsable.

Ser parte del sistema también implica corresponsabilidad

La adopción no depende únicamente de los registros, los juzgados o los equipos técnicos.
Las personas inscriptas también forman parte del sistema de adopción y ocupan un lugar importante en su funcionamiento.

Por eso, mantener actualizado el legajo y comunicar situaciones que puedan impedir una vinculación no solamente es un acto de honestidad personal.
También es una forma de cuidado hacia el propio sistema.

Cuando los registros convocan a una familia, lo hacen porque necesitan encontrar adultos efectivamente disponibles para responder a las necesidades de un niño, niña o adolescente en tiempos muchas veces sensibles y urgentes.

Poder informar que momentáneamente no se está en condiciones de iniciar ese proceso ayuda a evitar convocatorias innecesarias, sobrecarga de trabajo institucional y situaciones frustrantes para todos los involucrados.

La disponibilidad adoptiva también implica poder decir:
“Hoy no estoy en condiciones, pero espero volver a estarlo más adelante.”

Y muchas veces, esa posibilidad de reconocer los propios tiempos habla de responsabilidad y compromiso, no de desinterés.

Los datos también hablan de esto

Hace pocos días compartimos en nuestra web estadísticas de la DNRUA sobre disponibilidad adoptiva.

Allí se observa que un porcentaje significativo de las familias inscriptas figura actualmente como “transitoriamente no disponible” por distintos motivos.

Detrás de esos números pueden existir situaciones de salud, procesos personales, tratamientos, vinculaciones ya iniciadas, reorganizaciones familiares o circunstancias vitales que requieren ser atendidas antes de iniciar un nuevo proceso vincular.

Las estadísticas permiten dimensionar una realidad.
Pero también es importante comprender qué experiencias humanas, subjetivas y vinculares existen detrás de esos datos.

Disponibilidad también es responsabilidad

En adopción, la disponibilidad no se mide solamente por las situaciones de los niños que podrían adoptarse segun los recursos propios.

Siempre implica la posibilidad de preguntarse:
¿puedo sostener hoy un proceso de vinculación?
¿cuento actualmente con la disponibilidad física y emocional que este momento requiere?
¿qué necesita un niño o adolescente de los adultos que lo reciben?

Poder hacerse estas preguntas no debilita el proyecto adoptivo.
Por el contrario, forma parte del compromiso ético que requiere.

Porque cuidarse, pedir tiempo o reconocer una dificultad también puede ser una forma de cuidado hacia quienes esperan una familia.