Pensarse
Lorena Silveti
En el camino de la adopción pasamos por varias etapas, la vida misma, pero sin dudas acá van a suceder cosas que nos marcan: tenemos que estar fuertes, preparados y construidos con la habilidad de pararnos con calma y dando tiempo al tiempo.

Tomada la decisión de ser familia a través de la adopción comienza lo que debería ser un trabajo diario, constante. Cuando nos evalúan y pasamos por distintas entrevistas hasta llegar a la etapa de los llamados, debemos estar atentos a todo lo que se puede aprender de cada pregunta, taller que nos recomienden o experiencias que podamos escuchar. Estoy leyendo muy seguido que con asombro reciben el llamado y fue poco el tiempo que transcurrió desde la inscripción, y pronto se dará la vinculación.
Nosotros somos nuevos en esto, quizás también estén los que ya han caminado la ma-paternidad, pero aquí hay un plus claro, significativo. Los peques ya han sido hijos o al menos han podido pasar por una vida con su familia de origen. Pero, si el menor llegó al estado de adoptabilidad es porque todo lo anterior lo ponía en peligro, estaba solo en la etapa más importante de su vida.
¿Cuánta información tiene el sistema judicial o el equipo del hogar donde están viviendo? Seguramente mucho de lo que puedan transmitir parte de lo que van conociendo de ellos en el período que conviven en ese mundo irreal donde no existe la individualidad, donde se vuelven a adaptar para sobrevivir mientras esperan.
¿Qué esperan?
¿Cuántos nos pusimos a pensar en esta maraña de sucesos y todo lo que han pasado para llegar a nosotros? ¿Podemos imaginar la ansiedad y los miedos que vuelven a vivir? Nos preguntamos: ¿por qué deberían confiar en nosotros si todo lo previo falló? ¿Qué pasa si no se abren?
Tiempo y más tiempo se tiene que dar para realizar el recorrido de conocerse, escuchar y aprender a leerlos. Leí una vez que con el amor no basta y es verdad en un principio. Comprender que nada puede ser o se dé como lo imaginamos es fundamental para permitirnos explorar otras respuestas; no es en contra nuestra la cosa, sino lo que representamos en ese momento. Podremos escuchar las peores realidades, pero también nosotros vamos a demostrar con paciencia, templanza y empatía que algo mejor y distinto se puede vivir.
Tiempo… y el tiempo hace que uno lo quiera detener porque por momentos nos puede parecer todo mucho y agobiarnos porque el cansancio nos supera, pero sabemos que no se puede. Es ahora y es el momento de juntar fuerzas porque ellos y nosotros nos merecemos ser familia.
¿Alguien dijo que iba a ser fácil? Seguro que no, eso nunca lo escuché; pero sí hoy puedo afirmar que los vínculos se construyen, que cuanto más débiles nos sentimos es porque más fuertes nos vamos a parar ante ellos, pero todo es paso a paso y dando tiempo al tiempo.
Así vamos, familia en construcción constante

